sábado, 21 de marzo de 2015

Sobre lo "inaccesible". (El ser y su sombra)

Lo "inaccesible" está más allá de lo que la ciencia puede observar, comprobar o definir; obviamente no es campo de la ciencia... No obstante, es primordial para el desarrollo del espíritu humano.
 
Y es que, claramente no puede entenderse en su totalidad al individuo sin echar mano de esa componente representada por aquello que está detrás de la pura "evidencia material" de nuestro cuerpo. Un hálito, un "impulso" que nace en las mismas entrañas del ser es lo que le da vida (¡ni siquiera sabemos aún lo que es la vida, pendiente de una precisa definición!). Y eso mismo es extensible a todos los seres vivos.
 
¿Podemos incluir en el ámbito de la ciencia la "voluntad" reflejada en nuestras decisiones? ¿Podemos incluir en su marco la sensación íntima de "pertenencia a nosotros mismos", la "qualia" que acompaña a muchas de nuestras sensaciones?... Pues bien, ello queda englobado en el amplio concepto de lo inaccesible. Precisamente a ello quiero referirme, a ese mundo de fronteras difusas cuya característica principal parece ser la inconcreción. Dentro del mismo hay "espectros" fácilmente reconocibles por su omnipresencia o su propia entidad, tales como el "yo", la voluntad o el libre albedrío, ya que sin ellos sería imposible explicar desde la vida a la globalidad de toda la historia humana. Pero otros, por el contrario, no son tan ostensibles y entran de lleno en el reino de la especulación. No obstante, aún así, gozan de una importancia crucial dentro del humanismo filosófico, la metafísica o la pura teología. A sabiendas, no voy a concretar su marco de referencia, sólo alertar sobre su trascendencia.
 
De cualquier modo mi deseo es dar a conocer estas reflexiones, aportando mi punto de vista a cuestiones de tan hondo calado.
 
Hace algún tiempo publique en este mismo Blog un breve relato titulado "¡Dios mira con los ojos de sus criaturas!" . En él aportaba la intuición de la extraña "dualidad unitaria" consistente en el ser que era mi propia mascota, y el ser que se adivinaba a través de sus ojos: ¡Dios!... Seres y cosas de nuestro entorno se nos presentan con un "doble y único" aspecto: el que "son en sí", y el "soporte trascendental" de los mismos que construye en nosotros el propio Dios (potencia creadora, espíritu universal, etc.). En ausencia de lo primero, lo segundo seguiría persistiendo: ¡En ninguna circunstancia el ser quedaría huérfano! ¡La "sombra" de sensaciones relativas a los mismos, constitutivas ya de su esencia, es la inmanencia aportada por el propio Dios!
 
Claro está, cosas y seres vivos se distinguirían por una cierta "reverberación" producida en nuestro interior por los últimos (no tanto por los primeros), consecuencia de los "feedback" progresivos de mutua empatía.
 
La doble naturaleza o dualidad que representa el mundo a nuestros ojos. seres y "sombras", en ausencia de nuestra materialidad orgánica, se transformaría en la llamada "unidad múltiple": ¡Individualidades formando parte del cuerpo místico "unitario" de Dios!

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