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En otro planeta, evidentemente, con una secuencia distinta de procesos aleatorios para conseguir la diversidad hereditaria y, por supuesto, con un medio ambiente diferente que selecciona combinaciones concretas de genes, las probabilidades de encontrar seres "físicamente" muy semejantes a nosotros deben de ser casi nulas, pero las probabilidades de encontrar otra forma de inteligencia no lo son, aún cuando sus "neuronas" fueran muy distintas. Nos dice Carl Sagan en su obra "Cosmos", que "puede haber planetas en los que los seres inteligentes tengan 10 elevado 14 conexiones neuronales como nosotros, pero puede haber lugares donde el número sea 10 elevado a 24 o 10 elevado a 34".
Vemos, pues, que la evolución, al menos, ¡cómo no!, en nuestro planeta Tierra logró hacer los pasos precisos para construir el maravilloso cerebro humano, tras una interminable secuencia de hitos azarosos que lo hicieron posible. Y es tal su complejidad que aún hoy somos incapaces de explicar en detalle su funcionamiento interno, hasta el punto de poder explicar la aparición en su seno de la consciencia, de la misma "psiquis animal".
Soy de la opinión, cada vez más sospechosamente evidente, que en la interpretación de la psiquis, la mente y la consciencia, la componente cuántica desempeña un cierto papel, que cualitativamente sería la conexión imprescindible para que la propia materia (el cerebro y sus neuronas) pueda hacerse consciente de sí misma, de "sentirse" a sí misma, de ser el verdadero "asentamiento" de su individualidad. Las propiedades cuánticas como entrelazamiento y superposición encerrarían en sí la magia de lo que llamamos "la qualia", haciendo posible el campo mental. Por supuesto, otros principios más clásicos, explicados por la neurología, representarían la otra parte necesaria para que tal admirable conjunto de cualidades pudieran expresarse.
La ciencia mantiene una febril actividad en pos del discernimiento del preciso proceso que haría posible la intervención fehaciente del mundo cuántico en el cerebro. Muchos experimentos apuntan a ello, en la búsqueda de unas interconexiones muchísimo más rápidas que las propias sinapsis de las neuronas. Velocidad necesaria para la formación de pensamientos y sensaciones, secuencia procesal oportuna para que ello tenga lugar. No creo que haya que esperar mucho tiempo para que todo ello se confirme.
En mis especulaciones (al no poder confirmar de manera totalmente objetiva lo expresado anteriormente) doy por sentado esta posibilidad, para poder explicar todo lo que viene a continuación.
Así, hago la hipótesis de que un cierto tipo de entrelazamiento cuántico entre las mentes de ciertos individuos, podría explicar la empatía, más allá de las ya encontradas neuronas espejo.
Pues, ahondando en la misma idea, ¿existiría un cierto entrelazamiento cuántico que explicaría "la conciencia del universo"? Por supuesto, sentando primero las bases de su existencia.
El hombre puede conocerse a sí mismo, al menos parcialmente, lo que constituye su "autoconsciencia". Esa consciencia de la propia consciencia es lo que llamamos "conciencia".
¿Cómo podría ser posible la existencia de esa consciencia universal?... La consciencia de sí mismo permite la aparición en el hombre, como acabo de decir, de la "conciencia". Entonces, para que el universo poseyera una conciencia precisaría "conocerse a sí mismo", ¿pero cómo?...
Sería necesario que sus propios componentes o elementos fueran conscientes de la propia realidad constitutiva del universo... Y a sí parece, pues, ¿no es la criatura humana el ojo "auscultador" del propio universo?... Uno de sus elementos observa su totalidad (del universo). Y el conjunto de sus elementos, teóricamente, sí podría observar toda la totalidad. En otras palabras: "El universo (sus ojos que son los de las criaturas con sus mentes) se observa a sí mismo". "Se hace consciente de sí mismo", ¿no es eso una conciencia? ¡La conciencia del universo!
La evolución del propio universo ha sido capaz de construir criaturas, sus hijos, capaces de observar la grandiosidad de toda la obra, del universo conjunto, consciencia de su propia existencia, una "supraconsciencia universal". Todo el cuadro cosmológico aparece en todo su esplendor.
Se me podría decir que cada individuo, como observador, apreciaría una realidad propia como suponen las últimas experiencias e interpretaciones de la mecánica cuántica. Cada una de las criaturas se apercibiría de una realidad propia, pero ninguna de ellas se contrapone a las de las otras criaturas u observadores, por tanto la mente de todas esas criaturas, en conjunto obtendrían la imagen de la realidad total que conformaría el universo. Resultado: "El universo se observa a sí mismo". El universo poseería una "conciencia universal": la "supraconsciencia".
En verdad, muchas cosas "no sabemos"; por ello andamos en la especulación, pero me gusta imaginar que todo ello supone un camino hacia la verdadera realidad, la realidad del universo.
Persisten muchas incógnitas. Entre ellas: ¿Qué es la "nada"?... El vacío físico se define como una negación, una "eliminación de elementos", para lo cual es necesario conocer la totalidad de los elementos que existían anteriormente... La "nada" sí supone la eliminación absoluta de todos los elementos que "en realidad" desconocemos. Pero el mundo existió porque en esa nada absoluta, no obstante, existía la "propensión" a durar (instinto de conservación primordial). Y es que existen varias nadas: la del origen y las posteriores (que acaecen después de los distintos óbitos de cada criatura), relativas a las circunstancias de cada momento.
Aprovecho, aunque sea algo marginal a lo antedicho, que el reciente paradigma social llamado Woke, y su aparente caída (al menos en buena parte del mundo), no es que se asemeje al "anticristo" del filósofo Frederic Nietzsche, sino a un anticristo demoníaco que pretendía sumergir en las tinieblas a la propia conciencia universal.
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La grandiosidad del Creador del universo se refleja en ese infinito de los infinitos, que constituye aquella Potencia que llamamos Dios, confundida con la propia Creación (¿El dios de Spinoza, tal vez?).
Una Cosmovisión alucinante, en la que una "Nada" en mayúsculas, condensado de todas la probabilidades futuras, junto con "la propensión a durar", a conservarse y afianzarse en dirección hacia el futuro, produjeron la evolución creativa, en un principio puramente inconsciente, hasta hacerse consciente en los ojos de sus descendientes criaturas que con sus ojos, cual faros de la creación, y su consciencia individual incipiente, hicieron consciente al propio universo; el dios de Spinoza se hizo autoconsciente, iluminando el camino a todo lo creado, con una progresión que, quizás por amor se inmoló y se inmolará en sucesivos períodos, haciendo posible una creación continua de criaturas que en dirección hacia el infinito, forman parte de los seres conscientes componentes de la "consciencia universal" (Dios).
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La Creación, pues, posee tres grandes hitos que a modo de columnas sostienen todo el proceso. A saber: la Nada, el Azar y la Conciencia "lumínica". Los dos primeros poseen la característica de la inconsciencia. El tercero es el logro final de la evolución, aquella Consciencia Universal capaz de realizar el sublime acto de su "autoinmolación", haciendo así posible la aparición de nuevos seres conscientes, en lo que podría asemejarse al antiguo mito del "eterno retorno creador".
Poe encima de todo, y "acogiendo" a todas esas criaturas ya creadas, fuera del proceso expuesto, ¿existiría una criatura superior a todos esos infinitos?... Nuevamente, pura especulación, ¿terreno de los sueños y aspiraciones religiosas? Una formidable incógnita queda en el ambiente.
Parte del trabajo del autor titulado "Conciencia del Universo" que puede leerse completo en Archivos del grupo de Facebook "Consciencia Universal Majadahonda".