En este Blog se aboga por volver a establecer la verdad en todos nuestros planteamientos, en nuestras relaciones con los demás, expresando la verdad siempre y en todo lugar, para construir una nueva sociedad, tan radical que, nada menos, establezca ciertamente "el imperio de la verdad".
lunes, 27 de abril de 2015
domingo, 19 de abril de 2015
Tras la muerte, ¿pseudociencia o fe?
Cosmovisión de lo "inaccesible".
La "potencia" que mueve el universo, reflejada en las leyes universales. desde las leyes físicas a cualesquiera otras, es lo que podríamos aglutinar bajo el concepto de Dios.
En mi opinión, lo que conocemos como universo es la etapa de creación, desarrollo y/o expansión de dicha Criatura Suprema o Dios. Desde tal punto de vista no hay un Dios "monolítico", inmutable con una naturaleza "completa" desde "su origen". Para nosotros, seres finitos, tal Criatura no es tanto que sea infinita (que lo es) sino que, más bien, su "visualización" metafórica es un más allá de cualquier número o cantidad medible que podamos concebir. Ahora bien, como nos enseña la teoría de los transfinitos de Cantor, hay infinitos "mayores" que otros lo que hace posible pasar de un infinito a otro dentro del reino de lo infinito, en otras palabras, el infinito puede "expandirse", y en ese sentido Dios estaría en un desarrollo o crecimiento continuo. Y añado que puede concebirse que los seres al fenecer, podrían acompañar (sumarse) a esa "expansión de Dios", engrandeciéndole de algún modo dentro de esa sublime paradoja de la "Unidad Múltiple". Subsiguientemente, los seres que lo "merezcan" acompañarán a Dios en su gloria; la inmanencia de Dios hace el resto. Dios mantiene el universo "vivo", un "mantenimiento" que se extiende por siempre y por encima del propio tiempo conocido (no desecho la posibilidad de "ciclos sucesivos" de universos, de creación y destrucción, de eterno retorno, etc.); y en ese "mantenimiento eterno" o inmanencia se engrandece continuamente el "Cuerpo Místico" de Dios.
Así que no existe una "inmutabilidad" que podríamos calificar a nuestros ojos de "mortecina", dentro de aquella gloria aludida, pero tampoco ésta sería una etapa de autocreación de la propia esencia (la esencia va "in crescendo" a lo largo de nuestra vida terrenal, dentro de esa vida que en escritos anteriores definí como "aglomerado sensación-información", y donde la información es creciente).
¿Y qué podríamos decir de los seres que, ciertamente, se "autoexcluyen" de acompañar a Dios (como se dice vulgarmente: "los malos de la película")?: ¡Pasarían a "reintegrarse" a la nada de la que proceden (y de la que todos sin excepción procedemos)! O sea, se reincorporarían al "caos básico original" que "espera" la oportunidad de una nueva "revitalización", el "empuje" aportado por la "benignidad" de Dios.
La gran diferencia de toda esta cosmovisión respecto a la visión atea es que en esta última son las fuerzas del ciego azar, dentro de la infinitud de posibilidades, las que permitirían la aparición de la vida, y por consiguiente, en su evolución, el mismo Dios. En la cosmovisión propuesta es Dios quien desde su aparición (no se descarta la posibilidad de su surgimiento a partir de tal azar ciego) dirige el mundo (universo o ciclos universales) en la dirección del engrandecimiento que supone su "potencia creadora", lo que indirectamente significa la posibilidad de "influencia" de lo posterior sobre lo anterior (en la teoría cuántica ya se vislumbra la posibilidad de tal aparente paradoja), materializada como el establecimiento de leyes universales (físicas, etc.) desde la posición divina (posterior) en el origen del cosmos (anterior).
Viene a colación aquí el concepto del Tao original tan asentado en oriente, que se circunscribiría a esa "inconcebible" fase en la que "la nada y el dios inicial" se identificaban: ¡El dios inicial sería, entonces, un "producto" del azar! ¡Mas una vez que apareció Dios, todo cambió; la transformación de ese Tao en Dios!
La criatura humana, los seres finitos, nos encontraríamos en medio de un indefinible principio (infinito en el pasado), que sería el Tao del caos original, y el infinito temporal, o eternidad en que se desenvuelve Dios.
El óbito de cualquier criatura supone la desaparición de su "presencia espaciotemporal" (disgregación del cuerpo), y con ello el componente de información que dentro de la definición de vida (agregado sensación-información) poseía. La sensación sería el único componente "a conservar", pero dado que la que corresponde a los cinco sentidos ha desaparecido, así como la que acompaña a nuestra sensación corporal interna, sólo quedaría la correspondiente a nuestra "esencia" en ese reino de lo "inaccesible" (lo más íntimo de nuestro sí mismo, el libre albedrío, nuestra voluntad, etc.). Es decir, esa última sensación es lo único que desde el reino de lo inaccesible podría pasar a la supuesta (y nunca demostrada) "otra vida". Llegar a "saciar" la inquietud o angustia de tal "sensación esencial" ultramundana sería don especial de aquella gloria. No en vano el mayor padre de la iglesia católica reflexiona: "Nos hicisteis, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta descansar en Ti". (San Agustín)
¡Estamos ante el reino de la fe, indemostrable desde el terreno "informativo" de la Ciencia!
jueves, 16 de abril de 2015
jueves, 9 de abril de 2015
lunes, 6 de abril de 2015
jueves, 26 de marzo de 2015
sábado, 21 de marzo de 2015
Sobre lo "inaccesible". (El ser y su sombra)
Lo "inaccesible" está más allá de lo que la ciencia puede observar, comprobar o definir; obviamente no es campo de la ciencia... No obstante, es primordial para el desarrollo del espíritu humano.
Y es que, claramente no puede entenderse en su totalidad al individuo sin echar mano de esa componente representada por aquello que está detrás de la pura "evidencia material" de nuestro cuerpo. Un hálito, un "impulso" que nace en las mismas entrañas del ser es lo que le da vida (¡ni siquiera sabemos aún lo que es la vida, pendiente de una precisa definición!). Y eso mismo es extensible a todos los seres vivos.
¿Podemos incluir en el ámbito de la ciencia la "voluntad" reflejada en nuestras decisiones? ¿Podemos incluir en su marco la sensación íntima de "pertenencia a nosotros mismos", la "qualia" que acompaña a muchas de nuestras sensaciones?... Pues bien, ello queda englobado en el amplio concepto de lo inaccesible. Precisamente a ello quiero referirme, a ese mundo de fronteras difusas cuya característica principal parece ser la inconcreción. Dentro del mismo hay "espectros" fácilmente reconocibles por su omnipresencia o su propia entidad, tales como el "yo", la voluntad o el libre albedrío, ya que sin ellos sería imposible explicar desde la vida a la globalidad de toda la historia humana. Pero otros, por el contrario, no son tan ostensibles y entran de lleno en el reino de la especulación. No obstante, aún así, gozan de una importancia crucial dentro del humanismo filosófico, la metafísica o la pura teología. A sabiendas, no voy a concretar su marco de referencia, sólo alertar sobre su trascendencia.
De cualquier modo mi deseo es dar a conocer estas reflexiones, aportando mi punto de vista a cuestiones de tan hondo calado.
Hace algún tiempo publique en este mismo Blog un breve relato titulado "¡Dios mira con los ojos de sus criaturas!" . En él aportaba la intuición de la extraña "dualidad unitaria" consistente en el ser que era mi propia mascota, y el ser que se adivinaba a través de sus ojos: ¡Dios!... Seres y cosas de nuestro entorno se nos presentan con un "doble y único" aspecto: el que "son en sí", y el "soporte trascendental" de los mismos que construye en nosotros el propio Dios (potencia creadora, espíritu universal, etc.). En ausencia de lo primero, lo segundo seguiría persistiendo: ¡En ninguna circunstancia el ser quedaría huérfano! ¡La "sombra" de sensaciones relativas a los mismos, constitutivas ya de su esencia, es la inmanencia aportada por el propio Dios!
Claro está, cosas y seres vivos se distinguirían por una cierta "reverberación" producida en nuestro interior por los últimos (no tanto por los primeros), consecuencia de los "feedback" progresivos de mutua empatía.
La doble naturaleza o dualidad que representa el mundo a nuestros ojos. seres y "sombras", en ausencia de nuestra materialidad orgánica, se transformaría en la llamada "unidad múltiple": ¡Individualidades formando parte del cuerpo místico "unitario" de Dios!
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