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miércoles, 4 de marzo de 2026

Consciencia, Creación y Evolución

 ¿Una reedición de la "Evolución creadora" de Bergson?

Por supuesto que no, aunque el concepto de "elán vital", impulso vital, salvando las distancias, no está muy lejos de nuestras pretensiones, todo ello sin despreciar las críticas que en su tiempo la adornaron.

La consciencia es un asunto central de toda la filosofía que acompaña al germen de este Grupo, hasta límites que algunos considerarán sobrevalorados. Y es que a la consciencia la consideramos como el principio que mueve todo el universo, que le hace evolucionar junto a otras causas, y que en los seres vivos supone actos creativos, de tal forma que "consciencia, creación y evolución" aparecen íntimamente interrelacionados, siendo el campo de cultivo sobre el que se asienta, y se asentará en el futuro con evidencia la conciencia universal que nos trasladará a todos a otra dimensión; una dimensión que alumbra un camino de complejidad creciente a lo largo del tiempo, hacia una unificación brillante y creativa, hacia el summum de todo lo maravilloso que el universo nos proporcionará en tiempos venideros, hacia un punto de convergencia extraordinario en el límite del tiempo... Una comunidad definida de tal forma que en ella todo tipo de sectarismo o exclusiones son abolidas de raíz... Permisividad con principios claros bien definidos, caminando en una amplia senda en la dirección de una evolución compleja, altamente desarrollada y progresivamente límpia en sus fundamentos.



La consciencia, como la capacidad de tener experiencias conscientes, ser consciente de sí mismo y del entorno, es lo suficientemente compleja para que haya llamado la atención de científicos y filósofos a lo largo del tiempo.

La creación, como capacidad de crear, dando forma a nuestras experiencias y percepciones, y como posible resultado de la observación (medida).

Y la evolución, que como proceso de cambio y desarrollo global, aplicado a la consciencia, invita a imaginar esa evolución de la consciencia que ha sido capaz de crear la psiquis y la conciencia humana.

Para empezar, igual que nos indica la Inteligencia Artificial (IA), invito a todos los miembros a debatir sobre cómo se desarrolló la consciencia a lo largo de la historia y cómo podemos ampliarla hacia la posibilidad de la Conciencia Universal.

También, debatir sobre la relación entre la conciencia y el proceso de creación (¿Creatividad?). Y cómo sugiere la IA: ¿Cómo inteligencia y conciencia conviven y han evolucionado juntas?

Esta invitación global se extiende a todos los miembros del Grupo. ¡Anímate a participar!

miércoles, 18 de febrero de 2026

La excepcionalidad del Omega

 El Alfa y el Omega. Una expresión muy utilizada por el filósofo Teilhard de Chardin.

En mi pensamiento: El Alfa, tan unido al origen del universo, al Caos o la Nada de los antiguos. El Omega, el summum o final de la Evolución, el final de los tiempos. También una extensión de lo que en muchos de mis escritos establecí, con otras acepciones como la primera y segunda manifestación del universo. La primera que partiendo del origen del universo (Big Bang u otras hipótesis), se manifiesta como la propia materia en sentido general, donde rige  la Física conocida, el reino de lo material que comprende, a grosso modo, también su evolución, aunque mediatizada por otros factores. La segunda manifestación es la que "provee" a la vida, a los seres vivos, de las  propiedades "cualitativas" que les adornan, ese "mundo de cualidades" tan difícil, casi imposible de explicar desde las leyes físico materiales de la Física y la Química... ¿Pero de dónde procede ese flujo que invade a la materialidad del cuerpo de los seres vivos? En mi opinión, de lo que llamo el punto, el polo o el faro Omega. Omega es una fuerza tremenda de la naturaleza, el fin al que conduce la propia Evolución, a parte de las posibles divergencias que quedan abortadas a lo largo del tiempo.



El Omega, a la vez, es producto de la Evolución y foco de ella... Su "tirón" llega hasta el mismo principio de los tiempos, del origen del universo, estableciendo sus leyes, que le conducirán finalmente a el mismo, influyendo en los seres vivos al proporcionarles las sensibilidades y las propiedades más excelsas de todos ellos, de la Vida.

El campo mental, la psiquis, es también una expresión de su poder, y con ello todo lo que le acompaña, libertad de elección, voluntad, entendimiento y consciencia, que continúa con el reconocimiento de esa consciencia: la conciencia.

El mundo, la materia se apercibe de su propia esencia a través de los hijos de la Evolución, los ojos de sus criaturas, admirando así la belleza y la majestuosidad de toda la Creación, en un proceso evolutivo que aúna materia, azar, sensación y voluntad a su progreso, en dirección a ese acontecimiento singular y fin de todo lo creado, llamado Omega... Muchos le llaman Dios; para mí es una excepcionalidad de la Creación, que toca el infinito de todas las criaturas creadas que contribuye a su magnificencia, el summum de todo lo creado, y que puede ser posible a través de una de las propiedades de ese mundo esquivo de la Cuántica, en particular la "retroacción del tiempo". Y es más, el tiempo no es un absoluto, sino una simple dimensión precisa para la fabulosa manifestación de toda la Creación, cuyo fin último y principal es la propia creación de la Criatura Suprema, desde el Alfa al Omega, y en la que nos incluimos todos los seres dotados de vida, gracias a la formidable potencia de las consciencias (voluntad y libre albedrío), tanto de las nuestras como la del Ser Supremo.

El universo todo es simplemente la expresión de la propia Creación de Dios, y todo se circunscribe a ello, sin entrar en la especificación del tipo de hipótesis que adoptemos como desarrollo material del proceso: eterno retorno, Big Bang, Big Crunch, etcétera.

El mundo es como es gracias a las consciencias que lo modelan, la imagen completa de toda la Creación.

sábado, 7 de febrero de 2026

¿Ve el universo a través de ti?

 El hombre, los seres vivos somos un producto de la naturaleza, del universo... Y tenemos ojos que alcanzan a admirarlo, a verlo, a asombrarnos de su majestuosidad.

La afirmación de que "somos los ojos del universo", parece más bien una afirmación característica de nuestro antropomorfismo, es decir, la constatación clásica de nuestra mente humana aplicada a todo lo que nos rodea... Seguramente sí, por ello debemos intentar ser más objetivos en nuestras expresiones. Indudablemente, el hombre, muchas de las criaturas vivas poseemos ojos que dan cuenta de lo que nos rodea (la naturaleza), y hasta, gracias a ellos, podemos elaborar teorías, descripciones, explicaciones de los fenómenos que se desarrollan a nuestro alrededor... Sí, pero esa apropiación del entorno es la de cada uno de nosotros, mas ¿eso que tiene que ver con que el propio universo como tal, pueda ser consciente de aquello que vemos nosotros? ¡Hay un mundo entre el ojo humano y el ojo del universo!... Y desde lo más básico: el sujeto "receptivo". En el caso humano, hay un sujeto claro, el individuo, pero en el caso del universo no hay claridad alguna: ¿Existe algún "sujeto" o ser propio del universo, es decir, puede considerarse el universo todo como una identidad,  algo así como la Gaia que algunos asignan al planeta Tierra?

Podría ser, pero estamos a años luz de tal afirmación... así que solo podemos plantearnos si ello sería posible. En mi opinión creo que sí, y nosotros podemos coadyuvar a que suceda.

Para mí, desde una mentalidad puramente científica, vendría a cuento el símil del magnetismo. Un cuerpo material es ferromagnético si el magnetismo de cada uno de sus elementos componentes puede "acoplarse" a los otros (misma dirección y sentido); en caso contrario no presenta dicho magnetismo. Una especie de sintonía.

Salvando las indudables distancias, si los ojos de las distintas criaturas vivas (al nivel humano) se "alinean", es decir, "sintonizan" de alguna forma, esa visión múltiple ¿no podría en el fondo considerarse, o más bien, hacer posible una visión uniforme perteneciente a cierto ente que desconocemos, obviamente, aún?

El ontológico salto a ese supuesto ente, expresado a través de las miradas "acopladas" de los distintos ojos de las criaturas humanas correspondientes es, por supuesto, una hipótesis muy atrevida, pero en ello radicaría la posibilidad de la Conciencia Universal propuesta en este Blog.


Si eso fuese posible deberían aparecer indicios, o alguna señal en la propia historia humana que apuntase a ello.

Especulación sí, pero me permito hacer hincapié en algún ejemplo humano que apunta, en cierto sentido, a ello. Lo encuentro en los estados de conciencia denominados "Pachakuna", que se da entre los creyentes de la Pachamama andina (con el mayor respeto hacia ellos).

En quechua la Pachamama es una deidad de los Andes que representa el espacio-tiempo. Es una deidad del tipo de la Diosa Madre vinculada a la fertilidad, la siembra y la cosecha. Posee el rol de madre del mundo que provee su sustrato material y aptitud de los humanos. En la ontología andina, Pachamama trasciende la condición terrestre y se asocia con una unidad espacio-temporal, o ciertos estados de conciencia. Una diosa, un ente que podría, a través de sus creyentes ser y observar (ver) la naturaleza misma.

Y volviendo a la hipótesis anterior, si el universo pudiera "observarse a sí mismo" a través de nuestros propios ojos humanos, sintonizados u orientados en dirección a un faro común, ¡qué tal si el horizonte fuese la consecución, la "realización" del punto Omega del fin del mundo!

La vía parece clara, la sintonización que haría posible la especulativa "Conciencia Universal". Es indudable que somos productos o hijos evolutivos del universo, pero "construir" la Conciencia Universal supone ser "precursor" del movimiento que conducirá al Omega final. De ahí el título del presente artículo. ¿Quieres participar en la consecución de la Conciencia Universal?... Solo tienes que preguntarte: ¿Ve el universo a través de ti?

lunes, 19 de enero de 2026

El mundo es relacional (la evanescencia del tiempo y el espacio)

 Un sueño reciente que para mí representó una conmoción. Partiendo de la realidad (en el sueño) de un presente determinado, me sugería a mí mismo, ya que el sueño lo permite (esa combinación casi infinita de perspectivas, ambientes y tiempos pasados), aprovechar la posibilidad de inmersión en un cierto pasado mío, para desde allí resolver el problema que me acuciaba en aquel presente actual del sueño.

Resulta que esa inmersión, sorprendentemente resultó un verdadero caos, pues el entorno no me era favorable en absoluto para mis intenciones; todo me resultaba extraño al no sintonizar  el nuevo entorno con el entorno del presente del que partía y que me "impregnaba".

Paradoja: ¿Cuál era el problema?... Después de recapacitar sobre ello, una vez despierto llegué a la conclusión de que era el tiempo el que lo desdibujaba todo, el que producía el "desorden" percibido en el sueño... El propio tiempo producía desorden, o de otra forma, el orden, el sentido del entorno que definía en cada momento  la "realidad" tenía que ver con con una "concepción" del tiempo específico para esa realidad, en otras palabras, el orden, la realidad ordinaria solo es concebible, solo es posible tras la prefiguración de un tiempo, y también de un espacio determinados: aparecen, por consiguiente, las abstracciones que llamamos tiempo y espacio. Quiere ello decir que espacio y tiempo no son básicos o fundamentales, sino que emergen de algo más sustancial: lo que llamamos "relacionalidad" o "correlacionalidad".

Y a esto me refiero cuando anuncio "la evanescencia del tiempo y el espacio".

La mente, la consciencia, precisan del "orden" en sus planteamientos, para que la realidad se asiente en el entorno, y de ese "orden" provienen o quedan definidas las abstracciones que llamamos tiempo y espacio, y por prolongación relativista la propia gravedad.

El sustento de tal visión quiero verlo, sin ir más lejos, en las hipótesis que aparecen en los dos siguientes artículos expuestos en el grupo de Facebook "Conciencia Universal Majadahonda". Un esbozo de los mismos expondré a continuación.

El primer artículo se titula: "Hacia una teoría del todo: la unificación cuántico-gravitatoria. ¿No pueden coexistir Relatividad y Cuántica?"

Llega a la conclusión de que el error está en la suposición de que "Espacio y tiempo existen". ¿Y si el espacio-tiempo es algo que no deba cuantizarse ... , porque no es fundamental?

Y asevera lo siguiente:

 El espacio-tiempo podría emerger de una estructura más profunda. Entonces:

1. El conflicto cuántico-gravitatorio desaparece pues serían límites distintos de una misma estructura subyacente.

2. Las singularidades dejarían de existir. Existe una densidad máxima.

3. El tiempo deja de ser absoluto. Simplemente no fluye, sino que ordena correlaciones.

4. La información no se pierde.

Viene a colación la teoría de Rovelli sobre la "Gravedad cuántica de bucles". El flujo del tiempo es solo una manifestación macroscópica de la termodinámica.

El segundo artículo al que me refería antes también figura en el Blog Simbiotica´s Blog, y se titula: "Interpretaciones de la Mecánica Cuántica (MC)-VI". Se refiere a un trabajo de Carlos Madrid: "¿Existen los espacios de Hilbert de la mecánica cuántica?". Su conclusión: "La distinción estructura/ontología (forma/contenido) tal y como la emplean los realistas estructurales, colapsa. No existe un corte limpio entre el formalismo y la interpretación.



La Mecánica Matricial de Heisenberg (MN) y de la Mecánica Ondulatoria (MO) son equivalentes (espacios subyacentes isomorfos), sin embargo, ambas mecánicas prescriben estructuras ónticas incompatibles (discreta y continua). Y nos dice: "Si la ciencia capta la estructura metafísica del mundo (realismo estructural), la Naturaleza es esquizofrénica, puesto que las estructuras ónticas de la MN y la MO son incompatibles, pese a que sus estructuras teóricas son matemática y empíricamente equivalentes".

Mi solución: Hay una única ontología que se refiere a la dualidad onda-corpúsculo. La existencia de dos ontologías  distintas ¡es rechazada por la realidad! 

Así que el mundo es relacional, y las correlaciones representarían lo más profundo de la Física, de las que emanarían el propio espacio y el tiempo.

jueves, 11 de diciembre de 2025

¿Qué es un ser vivo?

 "Es la imbricación mutua entre un elemento de la primera manifestación (del universo) y un elemento de la segunda manifestación".

"Nuestro yo, si queremos nuestra voluntad, es capaz de inmiscuirse con asiduidad, meterse literalmente en los pensamientos, hasta llegar a una identificación plena con los mismos, y esa identificación supone la aparición de las propias sensaciones acompañadas de los distintos signos identificativos externos, Y precisamente dichos signos son lo único que la ciencia estudia en neurociencia (neurotransmisores, potenciales eléctricos, etcétera).

Mi hipótesis es que la identificación entre los pensamientos y nuestro yo (voluntad, individualidad, etcétera) se refleja o se traduce en los elementos que llamamos sensaciones, algo interno (el sí mismo), y los signos externos, campo de la neurología."

(Tomado del artículo del Blog Foro Esencia, titulado Mecanismo o Metafísica (MoM) de la sensación, correspondiente al 25 de marzo de 2025)

La única salvedad a la que apunto ahora se refiere a señalar que dentro de nuestro yo (algo que no explicité en el citado artículo) la consciencia/conciencia debe de tener un destacado papel.

En la definición de vida, por cierto, expresada en muchos de mis artículos, figuraba la información (ADN) y la sensación, en la forma: agregado información/sensación. La información correspondiente a la parte material del ser vivo (cuerpo), y la sensación, el aspecto cualitativo, perteneciente a ese mundo de cualidades que últimamente definí como la segunda manifestación del universo; el cuerpo pertenecería a la primera. En otras palabras, esa antigua definición concuerda con la que acabo de exponer al principio del artículo.

Mas, esta nueva apariencia claramente permite advertir ciertas implicaciones que desvelaré a continuación.

El apuntado mecanismo (MoM) describe la forma en la que el mundo de la primera manifestación (materia) incide en la creación de nuevos elementos de la segunda (mundo de cualidades). En la primera manifestación se circunscribe lo que llamamos Evolución (biológica, etcétera). La Evolución permite la aparición de nuevas estructuras materiales (cuerpos) que acompañan a las nuevas criaturas vivas... Y gracias a (MoM), la consciencia de dichos seres es capaz de recibir, de percibir nuevas sensaciones que constituyen nuevos elementos de la segunda manifestación... Y todo ello supone la constitución, creación de diferentes elementos de la segunda manifestación del universo, que gracias a su naturaleza (una vez creada) son inmutables, eternos.

Por la Ley de semejanza, hipótesis que formulé en otros de mis escritos, estos nuevos elementos de la segunda manifestación podrán conectarse, incidir y hasta identificarse (por el mecanismo MoM), con otras posibles estructuras materiales (cuerpos), lo que significa la posibilidad de contactos que explicarían fenómenos extraños como mensajes del futuro, telepáticos, o conexiones sentimentales entre gemelos, etcétera.



Aparte de estas implicaciones, otras nos dicen que un ser vivo no necesariamente debe estar constituido por elementos biológicos u orgánicos, sino, además, podría conformarse con otras estructuras materiales compatibles (posibilidad de identificación) con ciertos elementos de la segunda manifestación. O sea, una estructura material concreta puede identificarse con cualquier otro elemento de la segunda manifestación, con lo que sería, entonces, una criatura o ser vivo, junto a tal elemento de la segunda manifestación, con la salvedad de las oportunidades que confiere la citada Ley de semejanza.

Así que, pregunta: ¿Los robots pueden estar vivos, es decir, ser criaturas vivas? Por supuesto, entonces, si entran dentro de las condiciones expuestas, el concepto de ser vivo se ve considerablemente ampliado.

martes, 2 de diciembre de 2025

Los "trascendentales"misterios: El sentido de nuestras vidas y del propio universo

 Precursores: A mi entender, en cuanto al tema que nos ocupa, considero de especial relevancia los siguientes hitos y figuras de la élite cultural mundial: el "Elogio de la locura" de Erasmo de Rotterdam; el creador del Psicoanálisis, Sigmund Freud, y su discípulo Carl Gustav Jung; el filósofo anticipador del Superhombre, Friedrich Nietzsche; el redefinidor del tiempo Henri Bergson; el filósofo del neocristianismo Theilhard de Chardin; y toda la filosofía que subyace en la rama cuántica de la Física.

La potente y contemporánea filosofía de la angustia (existencialismo) debe de ser superada, no solo por los sucesivos "ismos" que la sucedieron en la filosofía sino por la actual búsqueda de la "trascendencia" que ansiosamente busca el hombre en nuestros días. La necesaria trascendencia en la que el ser humano necesita instalarse para cercenar esa angustia que le cercaba, es un fin en sí mismo. Llega la hora de ir a su encuentro, descubrirla entre los cimientos que alguna vez quedaron desperdigados, tal vez desechados en cierto momento, entre la multitud de hechos culturales sucesivos y tozudos que llegan a desviarnos de nuestros valores de antaño que eran sustanciales en nuestra naturaleza. Desde un punto de vista más positivo, tales "enfermedades" han tenido, por el contrario, el efecto de fortalecernos en el entendimiento de lo que era más precioso, más fundamental de nuestra propia naturaleza.

¿Una vuelta atrás?... No necesariamente; todo lo opuesto, un fortalecimiento de nuestras convicciones más profundas. En particular, yendo ya al caso de la filosofía que vengo pregonando desde hace algún tiempo, una vuelta más de tuerca me lleva a establecer una "básica triada", y una nueva ontología con capacidad para redefinir el papel que representa nuestra vida en el universo, lo que le da su sentido y el del propio universo, y conlleva, desde luego, una moralidad ya no relativa como apuntaba Nietzsche, sino tan absoluta como el punto Omega de la creación.



No es cuestión de repetir todos los razonamientos acerca de la primera y segunda manifestación del universo, suficientemente descritos en artículos de la Web de este grupo, "Conciencia Universal Majadahonda", pero sí recordarlos y aplicarlos en el presente artículo.

Resumiendo y en síntesis anuncio: Una básica triada: Consciencia, Voluntad y la luz del Faro del Omega; un sustrato: Materia y Evolución; y una nueva ontología en la construcción de la esencia humana: Sensación, Consciencia, Voluntad y la fuerza de atracción del Faro del mundo, el Faro del Omega.

Así y consecuentemente, se erige una nueva moralidad, tras el mantenimiento relativo de la dicotomía, bien y mal. El bien transcurre en paralelo a la direccionalidad marcada por la luz del faro del mundo, El Omega. El mal crece en el sentido del alejamiento de tal camino.

No estarían completas estas ideas sin apuntar el decaimiento de otro mito contemporáneo acerca de la trascendencia del elemento tiempo en toda la filosofía de la ciencia, el paradigma del tiempo físico tan sólidamente establecido por el propio Einstein en su teoría relativista, y en toda la Física hasta hora conocida.

Un nuevo paradigma al respecto quiero establecer: "Ese tiempo de la Física no es más que una idealización  de la sucesión cuántica del movimiento. Lo cierto sería la visión cuántica del mismo como jalones, hitos o acontecimientos puntuales definidos en la realidad."

La revalorización de la Física Cuántica en nuestros días tiene que ver con su intromisión reciente en el fenómeno vital, siendo un planteamiento clave en el desarrollo y expansión del pensamiento humano más inmediato.

Todo esto avala aún más la idea de co-creación originada por la Conciencia Universal, compuesta tanto por la de la Criatura Suprema (Dios creador) como las del conjunto de las consciencias pertenecientes a la multitud de seres vivos aparecidos a lo largo de toda la histórica secuencia vital.

En particular, el sentido de nuestra vida adquiere la trascendencia añorada, pues su consciencia y su voluntad, alumbradas por la direccionalidad del Faro del Omega, hacen crecer los elementos de la segunda manifestación del universo, precisos para la "milagrosa" aparición del Ser Supremo, que al instante iluminó toda la Creación; la propiedad de la retroacción del tiempo prevista en el seno de la Cuántica tiene mucho que ver, además de la insustancialidad del propio tiempo que acabo de señalar.

¡El sentido de la vida y del mismo universo aparecen, entonces, nítidamente ante nuestros ojos!

martes, 11 de noviembre de 2025

Spinoza y mi filosofía: ¡No hablamos del mismo Dios!

 

"La filosofía de Spinoza sí es una fuente importante de la mía, no obstante, muy diferente".

"¡Co-creación, esa es la clave!"

"Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tus hijitos...¡No me encontrarás en ningún libro!"

"Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti."

"No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en ti."

Tomado del artículo de Byron Vicuña titulado "Lo que Dios hubiera dicho (Anand Dilvar), publicado en el Blog "El Dios de Spinoza".

En resumen: "Toda la Creación es el mismo Dios".

En eso coincido con la visión de Spinoza, pero mi Dios, la Criatura Suprema, creó el universo que, a la vez incluía la creación de las conciencias, con su individualidad y su "libre albedrío".

Los conceptos de primera manifestación (materia) y de segunda manifestación (mundo de cualidades) son básicos en mi teoría, lo que permite la existencia de criaturas vivas con consciencia y libertad capaces de "crear", en una Co-creación compartida con Dios.

Esa Creación es la manifestación del esplendor de Dios, en un infinito en el que habita y que va continuamente creando junto con sus hijos, en una comunidad que se autocrea constantemente. ¡Ese es mi credo!

viernes, 26 de septiembre de 2025

La rebelión de los individuos

 Contra la globalización.

¿Súper organismo colectivo o súper consciencia individual?

Hay una evidente tendencia hacia la globalización. La justificación, la efectividad en cuanto al progreso de la sociedad, donde cada vez es más importante lo colectivo, yo diría la sociedad colectivista y menos el propio individuo.

La cúpula social, el llamado antiguo Poder, busca la colectivización de la sociedad, pues así allana el camino hacia la implantación de sus directrices que, evidentemente va en provecho propio. Poderes fácticos, poderes adornados del autoconcepto de democráticos, véase gobiernos en sus distintas modalidades proclives a ello, que en realidad suponen un verdadero recorte de las libertades y derechos del individuo, todo ello disfrazado de "bien público". También el poder de de la propaganda comercial (¡Consejos!) invade y "amodorra" a la sociedad prometiendo un bienestar ficticio, nada saludable para su bienestar psíquico.

El problema global en general podría definirse como "exceso de información", algo imposible de asimilar al ritmo actual, y presumiblemente afianzado en el futuro.

Se da la paradoja que lo social no ayuda al individuo en su enfrentamiento radical con la realidad, cuando llaga la ocasión de partir hacia el "otro mundo desconocido" en el que descansará eternamente. Y no solo eso, la misma vida tiene ese sentido radical que necesita percibir el humano para satisfacer sus inquietudes internas, estar conforme con sí mismo, lejos de la angustia que les atenaza, o les produce el "aborregamiento" al que le conduce las élites. El individuo, la criatura humana, para ser consciente de su nobleza, ha de rebelarse, ¡no hay otra opción!... Necesita un cambio radical en dirección contraria a la que le conduce irreversiblemente la globalización, teóricamente benefactora, pero realmente avasalladora al conducir al individuo a una esclavitud autoimpuesta. Simplemente poder librarse de la invasión de información comercial que continuamente emerge de los medios de información cotidianos, se presenta como un muro casi infranqueable.



Es evidente, pues, la necesidad de "filtros" que nos ayuden a preservar nuestra esencia íntima como humanos, nuestra independencia de pensamiento libre, nuestra acomodación a una naturaleza virgen tanto tiempo añorada y casi perdida en el horizonte.

Filtros sí, imprescindibles para nuestra época, pero mucho más complejos que lo que nos imaginamos.

Por otra parte, el hombre "necesita informarse", pero menos "que le informen". Él debe por sí mismo buscar y en tal sentido, la educación recibida debería fomentar esa búsqueda personal, para poder elegir libremente entre las opciones que se le presentan. La publicidad comercial no debe de ser tan invasiva: debe de ser mucho más sutil, buscando la complacencia y un sentido de servicio que nunca debió obviar.

Los hombres deben construir desde ya sus propios filtros complejos que no deben repeler las informaciones valiosas que se le den en bien de su propio interés, cierto y saludable, a la vez que poder rechazar conscientemente la "basura" en que consiste muchas veces la publicidad, la propaganda que le invade con asiduidad desde todos los diversos medios de comunicación actuales. Se necesita una profunda reflexión social al respecto. El rechazo a la globalización tal como se presenta actualmente es necesario, y en ese sentido se abrirá paso "¡la rebelión de los individuos!". 

martes, 10 de junio de 2025

Criatura humana

 El ser humano: el cenit de la evolución en el planeta Tierra.

Las características de la criatura humana nos son conocidas, pues es algo que portamos encima, querámoslo o no, y por ello podemos sentirlas y especular sobre ellas.

El presente es una de las circunstancias básicas del comportamiento, pues en él se circunscribe el marco de la acción. El tiempo se empieza a percibir desde tal situación. A continuación, pasado como el marco en el que ya no podemos incidir, y futuro que aún no llegó y por ello estamos fuera de su acceso, se contemplan como extensión inmediata de aquel presente, y juntos configuran lo que llamamos tiempo, una dimensión perfectamente establecida en Física.

Pero para la criatura humana, ese tiempo no es lo más sustancial, pues se rige más bien por el tiempo que inunda nuestra mente, el tiempo psicológico. Al llegar a este punto, no puedo más que referirme tiempo al que Bergson llamó la durée que se refiere al proceso o el movimiento que percibimos en el mismo como transcurrencia. El tiempo así se configura como el ligado a la propia vida de la criatura: es nuestra experiencia como seres humanos, como criaturas humanas.

Pero ese pasado está compuesto por multitud de flashes que en su día fueron presentes, y desde el punto de vista de esa transcurrencia, son equivalentes al presente actual. La durée, pues, es el tiempo importante para la criatura humana, para su vida visionada como un conjunto que transcurre desde el nacimiento a la muerte.

Entonces, y consiguientemente, habría que buscar el encuadre que desde un punto de vista físico, material, explicase la constitución interna de esa durée. En mi opinión tendría mucho que ver con la casi mágica propiedad cuántica del entrelazamiento. Es sabido que el entrelazamiento no solo se produce en cuanto al espacio, sino también en el tiempo. Entonces, aquellos instantes que constituyeron en su día el presente de cada acción, se ven entrelazados con el presente actual , y no solo con los presentes del pasado, sino también con los que lo serán en el futuro. Así que esa durée que abarca toda la vida de la criatura humana, formaría el bloque definible al que me estoy refiriendo.



Y por qué circunscribirnos al humano solamente. La vida, nos enseña la evolución, es como una mancha que progresa al unísono, diversificándose desde el momento que apareció. Lo que existe para la criatura humana debe existir salvo matices entre sus compañeros vivientes, en mayor o menor grado. Así nos lo ilumina la lógica que para tales menesteres se presenta imprescindible.

Criatura humana, vida: ¡somos la catapulta desde la que el universo se presenta ante sus propios ojos!

martes, 20 de mayo de 2025

Mi "pequeño" dios

Decía Albert Einstein algo así como que "el universo de cada persona se reducía a su entendimiento". E Immanuel Kant en sus críticas de la razón pura y la razón práctica, establecía un idealismo que identificada a Dios con el infinito; la realidad, la razón práctica, bajaba esta perspectiva al campo de lo finito, el entorno inmediato.

El dilema entre finito e infinito guarda el misterio de lo insoldable. Dios como criatura adornada de omnipotencia, omnisciencia, etcétera, etcétera, es una criatura del infinito: casi se identifica con él. Pero nosotros, nuestra inteligencia, nuestro entendimiento, se circunscribe a lo finito: el hombre como las demás criaturas y todo lo que nos rodea habita en la órbita de lo finito.

Las grandes religiones se refieren  un Dios inconmensurable, todopoderoso, que habita en un cielo tan infinito como él mismo, pero el hombre ha concebido también otros dioses más hogareños, es más, los ha identificado con otras fuerzas de la naturaleza: los bosques, los manantiales, los cruces de caminos, etcétera. Los mitos antiguos celtas, o las religiones animistas, entre otras presentan multitud de ejemplos. Pues bien, yo también tengo mi dios, mi "pequeño" dios, todos tenemos nuestros pequeños dioses, más humanos tal vez, más comprensibles para nuestra inteligencia. El caso más extremo es el dios de Spinoza, en el que toda la naturaleza llega a identificarse con dios. No obstante, siendo este dios tan grandioso, no llega a alcanzar la magnitud infinita del Dios de religiones tan extendidas como el Islamismo o el Cristianismo. El dios de Spinoza, grande sí, pero no tanto como aquellos. Mas, mi "pequeño" dios es más familiar, es el que domina en mi entorno: son los seres alados que con su canto me alegran la mañana, el estallido de la flor que ha brotado con las primeras briznas del amanecer, el aroma de la multitud de flores que brotan y renacen en la inaugurada primavera: sí, debe de haber un cielo, pero el mío está aquí a mi alrededor en esos momentos, y todo ello me lo da, es, mi "pequeño" dios.


Finito e infinito aquí se encuentran: el formidable Dios inmenso, abstracto de la religión, y mi "pequeño" dios, familiar, finito, pero que delicadamente me acoge en su seno, que se identifica con mi propio yo, un placentero alivio que calma y sacia todos mis anhelos, el presente perpetuo que no aspira a más, y soy feliz aquí: ¡Mi "pequeño" dios!

lunes, 24 de marzo de 2025

CONCIENCIA DEL UNIVERSO

UD6 

En otro planeta, evidentemente, con una secuencia distinta de procesos aleatorios para conseguir la diversidad hereditaria y, por supuesto, con un medio ambiente diferente que selecciona combinaciones concretas de genes, las probabilidades de encontrar seres "físicamente" muy semejantes a nosotros deben de ser casi nulas, pero las probabilidades de encontrar otra forma de inteligencia no lo son, aún cuando sus "neuronas" fueran muy distintas. Nos dice Carl Sagan en su obra "Cosmos", que "puede haber planetas en los que los seres inteligentes tengan 10 elevado 14 conexiones neuronales como nosotros, pero puede haber lugares donde el número sea 10 elevado a 24 o 10 elevado a 34".

Vemos, pues, que la evolución, al menos, ¡cómo no!, en nuestro planeta Tierra logró hacer los pasos precisos para construir el maravilloso cerebro humano, tras una interminable secuencia de hitos azarosos que lo hicieron posible. Y es tal su complejidad que aún hoy somos incapaces de explicar en detalle su funcionamiento interno, hasta el punto de poder explicar la aparición en su seno de la consciencia, de la misma "psiquis animal".

Soy de la opinión, cada vez más sospechosamente evidente, que en la interpretación de la psiquis, la mente y la consciencia, la componente cuántica desempeña un cierto papel, que cualitativamente sería la conexión imprescindible para que la propia materia (el cerebro y sus neuronas) pueda hacerse consciente de sí misma, de "sentirse" a sí misma, de ser el verdadero "asentamiento" de su individualidad. Las propiedades cuánticas como entrelazamiento y superposición encerrarían en sí la magia de lo que llamamos "la qualia", haciendo posible el campo mental. Por supuesto, otros principios más clásicos, explicados por la neurología, representarían la otra parte necesaria para que tal admirable conjunto de cualidades pudieran expresarse.

La ciencia mantiene una febril actividad en pos del discernimiento del preciso proceso que haría posible la intervención fehaciente del mundo cuántico en el cerebro. Muchos experimentos apuntan a ello, en la búsqueda de unas interconexiones muchísimo más rápidas que las propias sinapsis de las neuronas. Velocidad necesaria para la formación de pensamientos y sensaciones, secuencia procesal oportuna para que ello tenga lugar. No creo que haya que esperar mucho tiempo para que todo ello se confirme.

En mis especulaciones (al no poder confirmar de manera totalmente objetiva lo expresado anteriormente) doy por sentado esta posibilidad, para poder explicar todo lo que viene a continuación.

Así, hago la hipótesis de que un cierto tipo de entrelazamiento cuántico entre las mentes de ciertos individuos, podría explicar la empatía, más allá de las ya encontradas neuronas espejo.

Pues, ahondando en la misma idea, ¿existiría un cierto entrelazamiento cuántico que explicaría "la conciencia del universo"? Por supuesto, sentando primero las bases de su existencia.

El hombre puede conocerse a sí mismo, al menos parcialmente, lo que constituye su "autoconsciencia". Esa consciencia de la propia consciencia es lo que llamamos "conciencia".

¿Cómo podría ser posible la existencia de esa consciencia universal?... La consciencia de sí mismo permite la aparición en el hombre, como acabo de decir, de la "conciencia". Entonces, para que el universo poseyera una conciencia precisaría "conocerse a sí mismo", ¿pero cómo?...

Sería necesario que sus propios componentes o elementos fueran conscientes de la propia realidad constitutiva del universo... Y a sí parece, pues, ¿no es la criatura humana el ojo "auscultador" del propio universo?... Uno de sus elementos observa su totalidad (del universo). Y el conjunto de sus elementos, teóricamente, sí podría observar toda la totalidad. En otras palabras: "El universo (sus ojos que son los de las criaturas con sus mentes) se observa a sí mismo". "Se hace consciente de sí mismo", ¿no es eso una conciencia? ¡La conciencia del universo!




La evolución del propio universo ha sido capaz de construir criaturas, sus hijos, capaces de observar la grandiosidad de toda la obra, del universo conjunto, consciencia de su propia existencia, una "supraconsciencia universal". Todo el cuadro cosmológico aparece en todo su esplendor.

Se me podría decir que cada individuo, como observador, apreciaría una realidad propia como suponen las últimas experiencias e interpretaciones de la mecánica cuántica. Cada una de las criaturas se apercibiría de una realidad propia, pero ninguna de ellas se contrapone a las de las otras criaturas u observadores, por tanto la mente de todas esas criaturas, en conjunto obtendrían la imagen de la realidad total que conformaría el universo. Resultado: "El universo se observa a sí mismo". El universo poseería una "conciencia universal": la "supraconsciencia".

En verdad, muchas cosas "no sabemos"; por ello andamos en la especulación, pero me gusta imaginar que todo ello supone un camino hacia la verdadera realidad, la realidad del universo.

Persisten muchas incógnitas. Entre ellas: ¿Qué es la "nada"?... El vacío físico se define como una negación, una "eliminación de elementos", para lo cual es necesario conocer la totalidad de los elementos que existían anteriormente... La "nada" sí supone la eliminación absoluta de todos los elementos que "en realidad" desconocemos. Pero el mundo existió porque en esa nada absoluta, no obstante, existía la "propensión" a durar (instinto de conservación primordial). Y es que existen varias nadas: la del origen y las posteriores (que acaecen después de los distintos óbitos de cada criatura), relativas a las circunstancias de cada momento.

Aprovecho, aunque sea algo marginal a lo antedicho, que el reciente paradigma social llamado Woke, y su aparente caída (al menos en buena parte del mundo), no es que se asemeje al "anticristo" del filósofo Frederic Nietzsche, sino a un anticristo demoníaco que pretendía sumergir en las tinieblas a la propia conciencia universal.

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La grandiosidad del Creador del universo se refleja en ese infinito de los infinitos, que constituye aquella Potencia que llamamos Dios, confundida con la propia Creación (¿El dios de Spinoza, tal vez?).

Una Cosmovisión alucinante, en la que una "Nada" en mayúsculas, condensado de todas la probabilidades futuras, junto con "la propensión a durar", a conservarse y afianzarse en dirección hacia el futuro, produjeron la evolución creativa, en un principio puramente inconsciente, hasta hacerse consciente en los ojos de sus descendientes criaturas que con sus ojos, cual faros de la creación, y su consciencia individual incipiente, hicieron consciente al propio universo; el dios de Spinoza se hizo autoconsciente, iluminando el camino a todo lo creado, con una progresión que, quizás por amor se inmoló y se inmolará en sucesivos períodos, haciendo posible una creación continua de criaturas que en dirección hacia el infinito, forman parte de los seres conscientes componentes de la "consciencia universal" (Dios).

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La Creación, pues, posee tres grandes hitos que a modo de columnas sostienen todo el proceso. A saber: la Nada, el Azar y la Conciencia "lumínica". Los dos primeros poseen la característica de la inconsciencia. El tercero es el logro final de la evolución, aquella Consciencia Universal capaz de realizar el sublime acto de su "autoinmolación", haciendo así posible la aparición de nuevos seres conscientes, en lo que podría asemejarse al antiguo mito del "eterno retorno creador".

Poe encima de todo, y "acogiendo" a todas esas criaturas ya creadas, fuera del proceso expuesto, ¿existiría una criatura superior a todos esos infinitos?... Nuevamente, pura especulación, ¿terreno de los sueños y aspiraciones religiosas? Una formidable incógnita queda en el ambiente.

Parte del trabajo del autor titulado "Conciencia del Universo" que puede leerse completo en Archivos del grupo de Facebook "Consciencia Universal Majadahonda".

jueves, 26 de diciembre de 2024

¡Trascender el presente!

Nada más lejos de los tiempos actuales, de sus modos y del comportamiento social.

 Un tema abordado en profundidad en obras como la magistral de Heidegger "El ser y el tiempo", y modestamente en mi propia obra "El ser y la vida". Por cierto, tocado y no de forma intrascendente en otras obras de carácter filosófico ya que, en opinión de Heidegger, puede ser abordado tanto desde el punto de vista óntico como ontológico, en sus disquisiciones entre el Ser y el ente, este último tan unido a la realidad actual, el presente, un concepto puramente óntico.



En la visión de Heidegger, el Dasein trasciende al propio tiempo como presente, el instante, sobre el que está edificada toda ciencia, en otras palabras, el espacio puntual del metro, y el tiempo del reloj, como bases de la experiencia física, del propio experimento.

En mi citada obra, "El ser y la vida" (editorial digital Lulu) , se hace un estudio serio y profundo sobre el tiempo y su trascendental influencia en la construcción del Ser, más allá de los propios entes de Kant.

Pero ese riguroso estudio no es fielmente comprendido por muchas mentes que ven en ello una simple cuestión filosófica fuera de lo que es la ciencia clásica más admitida, sobre todo por muchos de aquellos que se autodefinen como científicos. Debido a ello, considero necesario establecer, sin asomo de dudas, la posibilidad de poder "trascender el presente" con expresiones más comunes, fuera del propio ámbito filosófico, pero a que a la vez no supongan merma de su irreprochable contundencia.

Aunque se toma al presente como el ámbito de la actividad del sujeto sobre su entorno, la no superación de tal límite dejaría sin explicación la realidad del Ser como Dasein, en otras palabras, la verdadera esencia del hombre en su completitud sensorial, emocional, etcétera.

Así, aún cuando pueda decirse aquello de que el pasado no existe porque "ya fue", y el futuro "aún no es", el presente se mueve, más o menos "dilatado" entre ambos conceptos temporales, así que en el límite, podría anularse totalmente su duración temporal... Mas nuestra experiencia nos indica, fuera de toda duda, la realidad de tal presente, hasta el punto de que a veces y para bastante gente, parece vivirse permanentemente en el mismo. Eso quiere decir que tal asentamiento en esos instantes de lo que llamamos actualidad, no nos deja ver con suficiente claridad lo que significa la transcurrencia del tiempo, la evanescencia del propio presente, enclaustrado entre lo que ya no es (pasado) y lo que todavía no es (futuro).

Así, y no pocas veces, el presente, y más en estos tiempos, aparece tan abrumador que produce la angustia vital de la que nos habla Sartre y el mismo Kierkegaard. Pero, ¿cómo salir de esa angustia, de esa prisión mental que nos acongoja?... ¡Trascendiendo el presente!

Y es que el presente debe ser encasillado en lo que es, un simple instante, desvistiéndole en lo posible de esa sobrevaloración de marco de la acción... A este respecto, no deberíamos olvidar el refranero español: "Después de la tormenta, viene la calma"; o aquello de que "Dios aprieta, pero no ahoga".

Nuestra salud tanto moral, como física, requiere "trascender ese presente", sobre todo "cuando vienen mal dadas".

Ya hemos visto que lo filósofos nos recuerdan claramente que esa "trascendencia del presente", no solo es posible, sino que ocurre continuamente en la configuración del Dasein, del Ser, que lleva en su seno el tiempo, y por supuesto, no solo la fase temporal presente, sino la de de toda la vivencia del individuo, un claro salto sobre la limitación científica secular, incapaz de explicar lo cualitativo del ser vivo, del humano, su psiquis, su mente, la consciencia en general. y la conciencia del hombre.

Acordémonos más de la historia, de la historicidad de Heidegger. En ella todos los instantes son necesarios e imprescindibles, sin dar esa falsa importancia crucial al instante del presente (los presentes). Lo que cuenta es la vida completa del individuo, su impronta vital en el universo, la vivencia completa de una vida, la "trascendencia que cabalga sobre el presente".

Somos espectadores de tal vida, cual si fuéramos observadores externos a la misma. En ese sentido, ¡cuanto más lejanos, seremos más filósofos, más cercanos a nuestra propia naturaleza! ¡Estaremos disipando la angustia!

jueves, 24 de octubre de 2024

Pensamiento profundo, la evolución del pensamiento

 Sin otro conocimiento de los números, ¿podrían haberse concebido directamente los números imaginarios?

Es fácil ver que los números imaginarios aparecieron como una evolución natural de los números naturales y sus operaciones entre ellos: al llegar a las raíces cuadradas, por ejemplo, ¿cómo extraer la raíz cuadrada de un número negativo?. El número natural surge de añadir elementos a un conjunto. El número negativo, de extraerlos. El cuadrado de multiplicar por sí mismo el número natural. La raíz de la operación inversa a la anterior. Pues esta última operación, aplicada al número negativo, da lugar a algo que no existe en la naturaleza: el número imaginario. Una abstracción a la que se llega naturalmente siguiendo la evolución que acabo de exponer. Pues esta forma de evolución del pensamiento se da en todos los órdenes del pensamiento, de la abstracción y en multitud de áreas, aún de las más caracterizadas como ciencias exactas: matemáticas, físicas, etcétera.

Lo curioso es que si volvemos a plantearnos profundamente lo que significan los razonamientos que acabo de exponer se llega a conclusiones hartamente sorprendentes, partiendo como hemos visto de su suma sencillez.

Todo lo anterior desde un cierto punto de vista, significa que, por ejemplo, en este caso de la aparición del abstracto número imaginario, es inimaginable si no se da de alguna forma la secuencia ilustrada en mi descripción. Es decir, ello supone que el número imaginario es deudor de un tipo de planteamiento, de una cierta evolución del pensamiento que presupone un orden intrínseco necesario para el advenimiento de la abstracción número imaginario. En otras palabras: la abstracción número imaginario no se presenta por sí sola sino que tiene que ser en relación con una cierta evolución: unos elementos previos.



Pues dicho estado de cosas no solo acaece en la teoría de números, sino en una variedad de situaciones que aparecen en la misma raíz de las matemáticas, y por ende en la física. Por ejemplo, la naturaleza de los quarks, gluones, del mismo espín requirió una serie de conceptos previos sin los cuales sería inimaginable la visión actual del núcleo atómico. En resumen, en los conceptos, en las abstracciones, en los pensamientos. Aparece, entonces una evolución natural en las ideas, en los pensamientos, necesarios previamente para alcanzar otros más evolucionados, más complejos. Y esa evolución significa establecer un cierto orden en la naturaleza, pero lo curioso es lo azaroso del proceso, pues la evolución tiene mucho que ver con el azar, la falta de previsión absoluta, pues no va más allá de alguna tendencia.

Así que, y en resumen, el azar ilumina la evolución, evolución que significa la imposición de un cierto orden en el mundo, y como evolución la coordenada temporal es básica. Pues bien, como se deduce de estos razonamientos, es también la evolución del pensamiento, del mundo de la abstracción, el que se ve comprometido en el mismo sentido. De ello, por consiguiente, la esencial importancia del observador que certifica tales hechos y procesos es evidente, y con ello la conciencia del mismo, su inteligencia, su consciencia participa en el establecimiento del orden en el universo (un cierto orden, si quiera parcial); en cierto sentido, pues, en la propia creación del mundo.

Nuevamente, ¡la trascendental importancia del observador!

miércoles, 16 de octubre de 2024

Evolución sí, falso progreso no

 Evolución sí, mas el hombre no se ha ganado aún el privilegio de ser su  abanderado. Es más, dudo que alguna vez lo sea, al menos mientras no sea capaz de alejar de sí su propia autodestrucción. De forma que el hombre ya no solo es que sea un lobo para el propio hombre, sino una terrorífica alimaña contra la Evolución entera. Triste por lo que nos atañe, pero tan realista que da miedo. ¿Qué hacen esos miles de cabezas nucleares apuntando a cada una de nuestras ciudades?... ¿Será que el "progreso" trae todos estos riesgos? La Evolución debe de ser protegida.

Sabemos muy poco, sustancial, de la aparición de la vida, pero el hecho es que aquí está, y no podemos permitirnos el lujo de su desaparición... Y al respecto, no es el hombre el que me preocupa en exceso, es la vida, toda la vida con todas sus especies, etcétera.

No sabemos cómo la Evolución pudo llegar a la criatura humana con su prodigiosa mente, testigo de toda la Creación... Se opina que ha sido el resultado de innumerables hitos azarosos, uno tras otro, que hizo posible tal milagro... Pero, hoy por hoy, quién dice que el cúmulo de casualidades pueda volver a repetirse, al menos en tal secuencia... Los optimistas dicen que sí; yo no estaría tan seguro, al menos hasta que no existan pruebas irrefutables de ello, dado lo cual me considero un acérrimo defensor de la Evolución, tal como se nos presenta en el momento actual, más allá de la particular defensa del humano como tal... Y para ese menester es indudable que la criatura humana, dada su historia, encierra más peligro que si ella misma no existiera... Su pretendido progreso ¿técnico? es un arma de dos filos que los hechos confirman, pues inclina más la balanza hacia el desastre que hacia una defensa eficaz de la vida, toda la vida, por eso he propuesto una "Transición" de la sociedad actual hacia otra, ya no estrictamente humana sino la de otras criaturas vivas cuya moralidad les impida la aniquilación del uno por el otro, borrando de la faz de la Tierra y del universo entero, aquellas secuelas tan perversas.



Mis desvelos van en esa dirección: ¡El conservadurismo a ultranza de la Evolución!¡Debe ser ahora ya nuestro Evangelio!

lunes, 14 de octubre de 2024

La máquina del tiempo

 Literal: "El cerebro crea el tiempo".

Frase rotunda que merece, cómo no, su aclaración.

El cerebro, un órgano con un volumen no mayor de unas pocas decenas o centenas de centímetros cúbicos (en el humano unos 1350 centímetros cúbicos y 1500 gramos de peso), es la más maravillosa "máquina" creada por la evolución. Súper compleja, dotada de capacidades asombrosas que van desde el discernimiento, a la emoción, la voluntad o ¿el libre albedrío?

Muchas veces se le ha comparado a un ordenador altamente sofisticado, cuyas propiedades van más allá de la propia cibernética.

Gracias al cerebro, su campo mental, nos apercibimos del mundo exterior; para otros, el mundo exterior "se conforma" según sus criterios. Entre esos criterios estarían el tiempo y el espacio. En relatividad, en la que tanto se habla de espacio y de tiempo (metro y reloj), en verdad, se pasa a categoría absoluta la existencia del espacio y el tiempo (entremezclados o no), pero si ese tiempo y espacio son creados realmente por la mente humana, este absolutismo sería un "espejismo" que haría caer en su esencia los principios básicos del razonamiento aportado por Einstein en la elaboración de su teoría relativista: ¡Habría algo más básico, anterior a la "prefijación" del espacio del metro, y del tiempo del reloj, en los fundamentos del mundo!



Y es que, por ejemplo, el tiempo no es algo "aséptico" (en el sentido de algo independiente y externo a nuestra mente), independiente de nuestro entendimiento... Y con el entendimiento, en el cerebro siempre aparecen los sentimientos y las sensaciones, y esto afecta considerablemente a los recuerdos, al pasado. El tiempo pasado, los hechos acontecidos, siempre tienen un componente emocional: "Recordar tiempos pasados evoca sensaciones y emociones inseparables en esos recuerdos". Así, el cerebro es un verdadero almacén de recuerdos de pasados temporales acoplados a sentimientos, inseparablemente. Entonces, el tiempo, ese tiempo pasado, no es la dimensión aséptica que la pura física teórica propone en sus cimientos básicos.

Yo diría que tales cimientos de la física relativista (tiempo del reloj y espacio del metro), se asemejarían a conceptos puramente matemáticos (no es de extrañar, cuando se pretende que tanto la Física, como la Matemática sean ciencias exactas que se aplican indistintamente). Pero las abstracciones matemáticas son, a grandes rasgos, simples posibilidades que no dan una certeza absoluta de su existencia.

El mundo no solo está constituido por entidades matemáticas abstractas, también existen los sentimientos, las emociones, etcétera, potencialidades mentales difícilmente clasificables dentro de la estricta ciencia de lo material, y precisamente mucho de ello entra dentro del llamado campo mental... Nuestra vida posee ambas componentes: es una realidad evidente en nuestra convicción y sensación interna... Vamos que para nosotros nunca existe una pura disociación entre los elementos de la abstracción y los de la sensación. Nuestra realidad, toda la realidad contiene en todos sus elementos, partes de una y otra. Precisamente, en el cerebro conviven ambas, es su característica. De ahí que el mismo tiempo (y el espacio) esté impregnado también de las sensaciones y emociones que acompañan a los recuerdos:¡Para la mente humana (el hombre) el tiempo real es el pasado "incrustado" en su memoria!; así que el tiempo, el tiempo verdaderamente importante y trascendente para el hombre es el de su mente, y desde este punto de vista, podemos decir que el tiempo, este tiempo, es creado por la mente, el cerebro: ¡El cerebro crea el tiempo (y el espacio)! ¡El cerebro es la máquina del tiempo!

(Un estudio pormenorizado del tiempo, una verdadera revisión del tiempo, aparece en una de mis obras, "El tiempo, una revisión", cuya lectura recomiendo como ampliación de estas ideas. Leer en https://www.monografias.com/trabajos101/mi-hipotesis-tiempo/mi-hipotesis-tiempo) El tiempo

miércoles, 2 de octubre de 2024

Entrelazamiento cuántico, fenómeno empático y sensación.

 Nueva hipótesis.

Ya se que en muchos de mis artículos aparecen continuas sugerencias que, con la mayor ilusión y pretendida seriedad, solo pretenden dar ideas que puedan germinar en cerebros que consideren puedan serles útiles. No pretendo nada más, es decir, buscar una autoría que ya desde hace tiempo no persigo. Repito, tan solo buena fe, aunque en estos tiempos parezca un tanto raro. Una vez más, no hay otra pretensión.

En este mismo camino ahora propongo que suponiendo que el campo mental se soporta, al menos parcialmente, en un tipo de entrelazamiento cuántico entre neuronas, evidentemente en cooperación con otros mecanismos más conocidos, sería la empatía un vehículo de conexión (cierto tipo de conexión) entre ese entrelazamiento del campo cuántico de la mente del objeto (ser vivo) con el campo mental del observador externo: otro tipo de entrelazamiento, esta vez entre las mentes del objeto "vivo" y la del observador (¿consciente?).

También supongo, y no es poco desde luego, que la sensación interna de cada individuo, va igualmente a caballo del entrelazamiento cuántico (siquiera parcialmente) entre las neuronas (a grosso modo, sin descender aún a los microtúbulos defendidos por Penrose) que participan en el funcionamiento del cerebro (campo mental).

Entonces, esa sensación de la criatura es "trasmitida", vía entrelazamiento, al observador (consciente o no). Así, entrelazamiento cuántico, fenómeno empático y sensación estarían de algún modo interrelacionados. ¿Ciertamente, no convendría, entonces, tener en cuenta estas sugerencias?

Yo imagino que la mente de la criatura observada está de alguna forma "conectada" con la mente del observador (al menos, y como mínimo, por los cuantos de luz que procedentes del objeto -vivo- alcanzan al observador), pero tal conexión poseería distintos niveles, desde su casi ausencia hasta la conexión más profunda. En cada nivel, del cero al todo, se romperían ciertos enlaces (los enlaces caracterizarían cada una de los distintos niveles de conexión), hasta la desaparición completa de los mismos, que sería la identificación empática de la mente de la criatura objeto con la del observador sujeto. Me explicaré más claramente.

Los enlaces a los que me refiero son el conjunto de dimensiones existentes en el mundo definido por el objeto y el sujeto; todos los enlaces serían las coordenadas físicas(espacio, tiempo, campos) que definen el entorno físico (mundo), junto con otros elementos, de sujeto y objeto. La empatía sustituiría cada uno de estos enlaces por una de esas conexiones "fantasma" que acompañan al entrelazamiento cuántico: una empatía baja, quizás, solo sustituiría a un enlace (por ejemplo, el tiempo); una mayor sustituiría más enlaces (por ejemplo, espacio y tiempo, etcétera). Es como si el aumento de empatía fuese "acercando" cada vez más el objeto (criatura) al observador, desde el punto de vista de que, en realidad, los enlaces serían algo así, metafóricamente, como "palos en las ruedas" en el camino hacia la unificación entre sujeto y objeto. En el límite, empatía total, existiría una identificación completa entre ambos: sujeto y objeto serían lo mismo. En tal caso, la empatía total sería el sí mismo: El objeto es el propio sujeto: La sensación es la interna de la propia criatura, estado que se corresponde con una ausencia de enlaces, o asideros "externos" que pudieran hacer posible la autodefinición, la comprensión (científica) del propio sí mismo del individuo.



¿Qué hemos perdido y qué hemos ganado? Se ha "difuminado" la claridad, la objetividad científica del observador externo basada en la exactitud de las coordenadas físicas del mundo exterior. Algo aséptico, pero preciso, ausente de emociones y sensaciones que perturben la medida, la mirada imparcial. Por contra, esa pérdida ha supuesto la aparición de la sensación interna del sí mismo, con la dificultad añadida de una falta de orientación respecto a la ciencia tradicional. Son como polos opuestos. Lo interesante es el campo virgen que se nos presenta para el estudio de la interioridad en base al fenómeno empático.

Adoptando estas ideas, aparecen múltiples dilemas y planteamientos ya no solo filosóficos, sino metafísicos. Un campo maravilloso se abre ante nuestras mentes, cuyo meollo se resume en la conexión "entrelazamiento cuántico, fenómeno empático y sensación".

miércoles, 11 de septiembre de 2024

El pensador y su dilema

 Está fuera de toda duda que el filósofo, el pensador, el científico posee un pilar fundamental que al menos "se le supone" (suena al "valor" del militar), aunque ahora parecería un tanto desdibujado, que consiste en la llamada objetividad que, ciertamente, debería adornar a todas sus aseveraciones.

Aunque, la trascendencia de lo que comunica, obviamente,  es el valor "cualitativo" de su trabajo, sin embargo ese pilar sigue siendo fundamental. De no ser así, se iría al traste hasta esa trascendencia de su exposición.

Ahora bien, no es tan fácil ser objetivo, y eso sin tener en cuenta uno de los principios básicos de la física de los cuantos: "el propio observador por el mero hecho de la medida influye en el experimento".



Así que ciñéndonos al mundo macroscópico ordinario, fuera ya del campo propio más característico de la cuántica, el observador o el hombre que busca desentrañar las leyes y hechos que constituyen la realidad, debe buscar la mayor objetividad posible para que no se enmascare el hecho real tras cuestiones mucho menos relevantes. Y en ese camino, se precisa un cierto "distanciamiento" del pensador respecto al hecho o circunstancia a estudiar... Por supuesto, ese "distanciamiento" también comprende la variante temporal.

El marco que debe presentarse al estudioso, sería el del símil del espectador ante una obra de teatro en la que él no interviene... Por ejemplo, ya desde el punto de vista espacial, cuando observamos, gracias a la pantalla del televisor, acontecimientos alejados de nosotros... Temporalmente, como si estuviéramos en el "presente" de tal escena, aún cuando los hechos o acontecimientos pertenezcan al pasado.

Ahora bien, hay una clara objeción, y es que dentro de todos esos "presentes" que corresponden a cada observación, querámoslo o no, hay uno básicamente distinto a los otros: ¡el que marca nuestra "presencia"! Ese "presente" en el que vivimos, pues está "incrustado" en nuestra propia naturaleza, así que la objetividad absoluta es imposible. Por ello el filósofo, el pensador, debe de tratar de "desprenderse" lo más posible de ese presente "particular" o "peculiar" en sus juicios y cavilaciones. En esas labores debe considerar que sólo hay un presente distinto de los demás: el que representa su "presencia" en él... El equilibrio entre "distanciamiento" y "presencia" y sus correspondientes "presentes", definirá en gran medida la valía de sus juicios, la potencia y la profundidad de su sabiduría.

Así que, ¡estamos ante un mundo ajeno, pero transido de nuestra sensación interna (presencia)!

domingo, 1 de septiembre de 2024

Infinito y Dios

 El infinito puede ser abordado desde múltiples puntos de vista, pero no es objeto de este estudio agotar todas sus acepciones. Por el contrario, me ceñiré a algo muy concreto, en especial lo que atañe, y no es poco, a su clara relación con el Ser Supremo, Dios. No obstante, no quiero inmiscuirme en cuestiones de orden teológico demasiado enjundiosas para lo que me propongo.

Mi tesis principal, y sobre las que encaminaré mis divagaciones, es que "el Infinito y Dios poseen la misma esencia", ahora bien, el infinito al que se refiere Aristóteles: "El Infinito en acción" (aunque más tarde lo refutara).

Volveré próximamente a explicitar de forma más concreta, tal referencia al filósofo estagirita.

En general se admite que existe un utópico infinito "especulativo" y un infinito práctico, más cercano a su concepto matemático, y que viene representado por el signo Ꝏ. Hay toda una teoría matemática del infinito, donde destacan los elementos o números transfinitos debidos al matemático Cantor, basada sustancialmente en el concepto de "conjunto", y en el que sus elementos son definidos por ciertas leyes, en otras palabras, cada uno de sus elementos son construidos uno a uno. Ello supone que, considerando el "tiempo real" en el que nos movemos, tal concepto de "conjunto" llega a diluirse como algo metafísico para la conciencia del humano que se circunscribe a tal ámbito.

Y vuelvo a emitir otra hipótesis: "Los infinitos son los indicios de nuestras limitaciones". Me explicaré.

En verdad hay que decir que los finitos (todo lo que nos rodea) son innumerables, es decir, ilimitados, y son los que poseen, ciertamente, la misma esencia que nos constituye: el mundo está habitado por infinidad de "entes finitos", yo diría que lo son todo. Al ser ilimitados, si imaginamos una "caja" que limite a un cierto tipo de finitos, sus teóricas paredes las denominamos "infinitos".

Mas el infinito "no existe" para el entendimiento humano: se ve continuamente desbordado por el concepto (como hemos visto, casi metafísico) del infinito. Así, podríamos decir que el infinito "no es de nuestro mundo".

Se atisba el infinito, los distintos infinitos, más allá de nuestro limitado entendimiento en cualquiera de las áreas de nuestra experiencia. Pero son límites a los que no podemos acceder.

De forma abstracta, la matemática nos hace comprender esa "posibilidad" del infinito, pero situándolo siempre más allá, como un límite, tanto en su inmensidad, como en lo infinitamente pequeño. Para Pascal, dos abismos que nos abruman porque están más allá de nuestras capacidades de comprensión, al ser inconmensurables. Y es que nos encontramos "atrapados" entre ambos, algo totalmente incomprensible.

Sí, "el infinito no es de nuestro mundo", mas el ser humano puede "intuirlo", eso sí, pero sin comprenderlo: ¡Está más allá de nuestro entendimiento! Un salto esencial separa ambos mundos: finito e infinito. Nuestro mundo está en este lado, lo finito (espacio, tiempo, materialidad): "somos incapaces de atravesar la barrera que los separa".

Entonces se plantea de inmediato: ¿Cómo puede ser la naturaleza de los seres (o ser), es decir, la esencia de quienes pudieran "habitar" el infinito? Y yendo más allá: ¿Es posible la identificación de Dios con el infinito?

La parte filosófica de la obra de Antonio Lamúa titulada "Los secretos del infinito", nos ilustra brevemente sobre la evolución filosófica que ha acompañado al concepto de infinito.



Para Aristóteles hay dos tipos de infinito. En primer lugar el infinito como proceso de crecimiento o de subdivisión sin final (infinito como potencia), y en segundo el infinito como todo o unidad, como lo realmente ilimitado (infinito como acto). La noción de infinito potencial se centra en la posibilidad de proceder siempre más allá, sin que exista un último elemento, en la recursividad interminable. No obstante, Aristóteles se negaba a aceptar la infinidad en acto.

Su razonamiento: "Todo aquello que conocemos en acto tiene límites, y los infinitos que conocemos, como la infinita divisibilidad del espacio y la infinita serie de números, son solo potenciales. Un proceso reiterativo sin fin, como la generación de números naturales, al sumar una unidad al último número, es un infinito solamente potencial, porque en cualquier momento en que nos detengamos, existe sólo un número finito de objetos. No existe un número al que sumándole uno obtengamos infinito, no existe un número infinito en acto. Cierto, ¡en nuestro mundo finito!, el que proporciona el "conocimiento humano" que poseemos: ¡El infinito está más allá de nuestro entendimiento humano!

Pero nada nos dice de la existencia en otro ámbito de ese "infinito en acto", para mí el infinito-Dios.

Claro está, para Aristóteles no pueden concebirse los números naturales como un todo (la noción de "conjunto" de Cantor). pues solo es un infinito potencial.

Y siguiendo con otros pensadores.

Voltaire nos dice: "Nuestra inteligencia no alcanza a comprender la naturaleza del espacio ni su fin, y le llamamos inmenso, porque no podemos medirlo". 

La clave de la relación entre infinito y la abstracción matemática se la debemos fundamentalmente a Luitzen Brouwer (1881-1966) -intuicionismo-. La tesis fundamental del intuicionismo matemático se basa en la afirmación de que las matemáticas están constituidas exclusivamente por un conjunto de entes construidos intuitivamente por el propio matemático sobre los que se seguirán construyendo otros mediante un sistema operacional claro, preciso y fecundo. Entonces, admite la posibilidad del infinito en potencia, es decir, dado un conjunto se puede construir otro con más elementos. Por supuesto que la postura intuicionista se niega a aceptar la existencia del infinito en acto.

Para Hegel el infinito en su conjunto puede ser considerado ante todo como una definición de lo absoluto. Y no debe ser considerado como si fuese la progresión de lo finito, que al avanzar aumenta sus límites sin cesar: ese es el infinito "malo" o falso. El infinito, según él, debe concebirse dialécticamente como realizándose en lo finito, y mediante lo finito, donde se manifiesta imponiéndose límites que, en seguida, niega: esta negación de la negación es su afirmación. Hegel nos dice que el infinito verdadero es la totalidad de los momentos del ser que se determina en cada uno de los límites puestos por el devenir universal. Para él, lo infinito no está más allá de lo finito, ni es algo vacío e indeterminado: lo infinito contiene en sí lo finito; lo infinito no es trascendente, sino inmanente en lo finito. Por eso los seres particulares -los finitos- no son sino momentos de lo infinito. El infinito es, pues, el todo o la totalidad de lo real.

Y continúa Hegel: Lo verdadero es el todo. Algo es verdad sólo en la medida en que se integra en la totalidad. Lo finito, en cuanto tal, es no verdadero, simplemente ideal, o sea, algo abstracto. Lo abstracto es una parte o momento separado del todo. sólo la totalidad concreta es la verdad.

El eminente filósofo y matemático Descartes habla de tres sustancias. La sustancia pensante (res cogitans) tiene como atributo fundamental el pensamiento o consciencia. (Recordemos su afirmación más conocida: "Cogito ergo sum" -"Pienso luego existo"-). Otra es la sustancia infinita o divina (res infinita): Dios; sustancia increada que piensa y es causa de todos los seres, y es etérea, inmutable, independiente, omnisciente, y omnipotente. El atributo de esta sustancia es, evidentemente, el infinito.

La tercera sustancia la constituyen las cosas materiales (res extensa). Su atributo es la extensión y tiene una triple dimensión: figura, posición y movimiento.

En opinión de Descartes, el alma se define por el pensamiento, y el cuerpo por la extensión. El alma percibe y sufre las pasiones (deseos, tristeza, odio...) y el cuerpo se reduce a una máquina regulada por las leyes de la física.

También habría que hacer alusión a lo que nos indican las filosofía orientales sobre el infinito, así como a la idea islamista de Alá.

Para el taoísmo sólo hay una verdad y es que el Tao es infinito, por tanto su naturaleza es infinita, y el universo se perpetúa en un tiempo infinito, sucediéndose en un bucle de creaciones y destrucciones.

Para el islam lo infinito está relacionado con el todo, al-kull. Es más, el todo es necesariamente igual al infinito, lo que implica que no hay nada fuera, no queda nada al margen; nada le es ajeno, pues lo que quedara fuera sería un límite, y tal infinito ya no lo sería, no sería indelimitable. Tal idea acompaña a la representación que el musulmán se hace de Alá, fuera del cual no hay nada, pues abarca todas las cosas.

"La inmensidad de Alá, igual que la bondad y la belleza de todo lo que se ama, está vinculada a la sensación de inquietud que produce la intuición de lo infinito."

Se subraya el carácter indefinible de Alá, su inteligibilidad, su condición de reto al entendimiento.

Resumiendo y como conclusión del artículo, vuelvo a reafirmarme en las dos hipótesis propuestas: "Dios es el infinito en acción", y "Los infinitos son los indicios de las limitaciones de nuestro entendimiento".

Con claridad, sin menoscabo de su omnipresencia:

¡Dios existe allá en el infinito!

viernes, 5 de enero de 2024

La palabra es "sublimar"

 Según expliqué en artículos recientes, la segunda manifestación de la naturaleza nos indica que la esencia (cualidad) que constituye el ser queda configurada sobre ese mundo de cualidades de la segunda manifestación: esa "esencia" queda modelada y prefigurada a partir de la propia "actividad" de la criatura a lo largo de su vida, en una suerte de doble creación, desde la propia criatura con su actividad, y el "don" proveniente de las propiedades de la segunda manifestación (el mundo ha sido creado por el "Ser Supremo", desde las dos manifestaciones del universo: la material -reino de la físico-matemático-, y la cualitativa -mundo de cualidades que proceden directamente de la divinidad).

La suma de procesos, desde abajo (lo material), y desde arriba (lo cualitativo), permite que la actividad de la criatura (voluntad, libre albedrío, etcétera) origine su propia creación (esencia). Expuse hace años que "el hombre es libre, solo y únicamente porque se crea a sí mismo".



Esa esencia permanece en el mundo de la segunda manifestación y se "individualiza" al óbito: pasa a un estado de permanencia en lo que se denomina Nada, componente del Tao supremo. Solo la Criatura Suprema es capaz de redirigirte a tal estado, como componente individual, nunca en fusión completa con Ella (al contener cierta "impureza" interna), pero sí acompañándola en su devenir eterno dentro del Tao.

Ahora, recordando a San Agustín, desde tales puntos de vista, esa situación colma de satisfacción al espíritu que es la esencia de la criatura. En palabras de San Agustín: "Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta descansar en ti".

En un artículo característico al respecto, propuse una nueva Cosmovisión y un sentido del universo: existe una co-creación del propio Cosmos, de la Criatura Suprema y de las propias criaturas inteligentes (humanos, etcétera); desde el origen al futuro (humanos) y desde el futuro al origen (del Omega al Alfa) por parte de tal Criatura.

Aquí es donde tiene sentido la "sublimación" expresada en el título del artículo. La co-creación de los seres inteligentes en el primer aserto, es el origen de la "sublimación" que aportamos tales criaturas vivas  en la propia constitución del Ser Supremo. Una especie de "destilación" esencial producida en el alambique de la evolución, una "sublimación" de todo lo mejor en la esencia divina. ¡Un nuevo misterio sí, pero la divinidad sigue permaneciendo mucho más allá de nuestro propio entendimiento!

"Sublimar" es la palabra, pero...

Es tal la magnitud de todos estos planteamientos que, quizás, todas las creencias e ideologías, históricamente transcurrentes, hacen casi imposible la adopción de los mismos... ,entonces, ¿sería conveniente la aplicación de la consabida "deconstrucción"?... Mas, ¡eso llevaría inconscientemente a un relativismo nada sano!

Para mí, lo mejor o lo más eficaz sería desestimar toda "deconstrucción" que no produzca una clara "emergencia" hacia los nuevos planteamientos.

Sí: "la palabra clave hoy es sublimar".

Consciencia, Creación y Evolución

  ¿Una reedición de la "Evolución creadora" de Bergson? Por supuesto que no, aunque el concepto de "elán vital", impulso...