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sábado, 7 de febrero de 2026

¿Ve el universo a través de ti?

 El hombre, los seres vivos somos un producto de la naturaleza, del universo... Y tenemos ojos que alcanzan a admirarlo, a verlo, a asombrarnos de su majestuosidad.

La afirmación de que "somos los ojos del universo", parece más bien una afirmación característica de nuestro antropomorfismo, es decir, la constatación clásica de nuestra mente humana aplicada a todo lo que nos rodea... Seguramente sí, por ello debemos intentar ser más objetivos en nuestras expresiones. Indudablemente, el hombre, muchas de las criaturas vivas poseemos ojos que dan cuenta de lo que nos rodea (la naturaleza), y hasta, gracias a ellos, podemos elaborar teorías, descripciones, explicaciones de los fenómenos que se desarrollan a nuestro alrededor... Sí, pero esa apropiación del entorno es la de cada uno de nosotros, mas ¿eso que tiene que ver con que el propio universo como tal, pueda ser consciente de aquello que vemos nosotros? ¡Hay un mundo entre el ojo humano y el ojo del universo!... Y desde lo más básico: el sujeto "receptivo". En el caso humano, hay un sujeto claro, el individuo, pero en el caso del universo no hay claridad alguna: ¿Existe algún "sujeto" o ser propio del universo, es decir, puede considerarse el universo todo como una identidad,  algo así como la Gaia que algunos asignan al planeta Tierra?

Podría ser, pero estamos a años luz de tal afirmación... así que solo podemos plantearnos si ello sería posible. En mi opinión creo que sí, y nosotros podemos coadyuvar a que suceda.

Para mí, desde una mentalidad puramente científica, vendría a cuento el símil del magnetismo. Un cuerpo material es ferromagnético si el magnetismo de cada uno de sus elementos componentes puede "acoplarse" a los otros (misma dirección y sentido); en caso contrario no presenta dicho magnetismo. Una especie de sintonía.

Salvando las indudables distancias, si los ojos de las distintas criaturas vivas (al nivel humano) se "alinean", es decir, "sintonizan" de alguna forma, esa visión múltiple ¿no podría en el fondo considerarse, o más bien, hacer posible una visión uniforme perteneciente a cierto ente que desconocemos, obviamente, aún?

El ontológico salto a ese supuesto ente, expresado a través de las miradas "acopladas" de los distintos ojos de las criaturas humanas correspondientes es, por supuesto, una hipótesis muy atrevida, pero en ello radicaría la posibilidad de la Conciencia Universal propuesta en este Blog.


Si eso fuese posible deberían aparecer indicios, o alguna señal en la propia historia humana que apuntase a ello.

Especulación sí, pero me permito hacer hincapié en algún ejemplo humano que apunta, en cierto sentido, a ello. Lo encuentro en los estados de conciencia denominados "Pachakuna", que se da entre los creyentes de la Pachamama andina (con el mayor respeto hacia ellos).

En quechua la Pachamama es una deidad de los Andes que representa el espacio-tiempo. Es una deidad del tipo de la Diosa Madre vinculada a la fertilidad, la siembra y la cosecha. Posee el rol de madre del mundo que provee su sustrato material y aptitud de los humanos. En la ontología andina, Pachamama trasciende la condición terrestre y se asocia con una unidad espacio-temporal, o ciertos estados de conciencia. Una diosa, un ente que podría, a través de sus creyentes ser y observar (ver) la naturaleza misma.

Y volviendo a la hipótesis anterior, si el universo pudiera "observarse a sí mismo" a través de nuestros propios ojos humanos, sintonizados u orientados en dirección a un faro común, ¡qué tal si el horizonte fuese la consecución, la "realización" del punto Omega del fin del mundo!

La vía parece clara, la sintonización que haría posible la especulativa "Conciencia Universal". Es indudable que somos productos o hijos evolutivos del universo, pero "construir" la Conciencia Universal supone ser "precursor" del movimiento que conducirá al Omega final. De ahí el título del presente artículo. ¿Quieres participar en la consecución de la Conciencia Universal?... Solo tienes que preguntarte: ¿Ve el universo a través de ti?

martes, 20 de mayo de 2025

Mi "pequeño" dios

Decía Albert Einstein algo así como que "el universo de cada persona se reducía a su entendimiento". E Immanuel Kant en sus críticas de la razón pura y la razón práctica, establecía un idealismo que identificada a Dios con el infinito; la realidad, la razón práctica, bajaba esta perspectiva al campo de lo finito, el entorno inmediato.

El dilema entre finito e infinito guarda el misterio de lo insoldable. Dios como criatura adornada de omnipotencia, omnisciencia, etcétera, etcétera, es una criatura del infinito: casi se identifica con él. Pero nosotros, nuestra inteligencia, nuestro entendimiento, se circunscribe a lo finito: el hombre como las demás criaturas y todo lo que nos rodea habita en la órbita de lo finito.

Las grandes religiones se refieren  un Dios inconmensurable, todopoderoso, que habita en un cielo tan infinito como él mismo, pero el hombre ha concebido también otros dioses más hogareños, es más, los ha identificado con otras fuerzas de la naturaleza: los bosques, los manantiales, los cruces de caminos, etcétera. Los mitos antiguos celtas, o las religiones animistas, entre otras presentan multitud de ejemplos. Pues bien, yo también tengo mi dios, mi "pequeño" dios, todos tenemos nuestros pequeños dioses, más humanos tal vez, más comprensibles para nuestra inteligencia. El caso más extremo es el dios de Spinoza, en el que toda la naturaleza llega a identificarse con dios. No obstante, siendo este dios tan grandioso, no llega a alcanzar la magnitud infinita del Dios de religiones tan extendidas como el Islamismo o el Cristianismo. El dios de Spinoza, grande sí, pero no tanto como aquellos. Mas, mi "pequeño" dios es más familiar, es el que domina en mi entorno: son los seres alados que con su canto me alegran la mañana, el estallido de la flor que ha brotado con las primeras briznas del amanecer, el aroma de la multitud de flores que brotan y renacen en la inaugurada primavera: sí, debe de haber un cielo, pero el mío está aquí a mi alrededor en esos momentos, y todo ello me lo da, es, mi "pequeño" dios.


Finito e infinito aquí se encuentran: el formidable Dios inmenso, abstracto de la religión, y mi "pequeño" dios, familiar, finito, pero que delicadamente me acoge en su seno, que se identifica con mi propio yo, un placentero alivio que calma y sacia todos mis anhelos, el presente perpetuo que no aspira a más, y soy feliz aquí: ¡Mi "pequeño" dios!

jueves, 14 de diciembre de 2023

¿Soy yo, o eres tú?

 La límpida agua cristalina del arroyo,

el misterioso reflejo del tupido bosque en el estanque azul, 

la dulce compañía del amigable petirrojo,

la adorable melodía del escurridizo ruiseñor,

la alegre algarabía del rabilargo y su familia,

la dulce mirada de mi gato Seno en mi regazo,

la luz vigorosa de la enorme Luna en la tranquila noche del verano,

la alegría esplendorosa de la naciente primavera,

el majestuoso vuelo de la rapaz vigilante en sus dominios,

la cálida sobremesa del florido jardín,

el color húmedo mañanero de la amanita naciente,

el fulgor de las estrellas en la noche cerrada del verano tardío,

la alegre musicalidad del trino de los pájaros en la bonanza,

la dulce y cálida compañía de la  amorosa pareja.



¿Soy yo, o eres tú?...

La explosiva sensibilidad brota por todas partes...

¡El universo entero no responde a las perturbadas insinuaciones del hombre!

jueves, 23 de noviembre de 2023

lunes, 23 de octubre de 2023

La segunda manifestación de la naturaleza/universo (Know how)

 "Ciencia no, conocimiento sí".

Un conocimiento obtenido no por el característico método científico de "prueba y error", o de contraste o "falsabilidad" de hipótesis bajo el lema de la objetividad -análisis externo al investigador, u observador-.

La enorme subjetividad del individuo al abordar un estudio de esta segunda manifestación (asimilable al "mundo de cualidades") hace inviable la vía anterior, por ello se sustituye "ciencia" por "know how", por comportamientos, realidades que anidan en el fondo de cada conciencia: "el campo de estudio se reduce a nuestra interioridad, una subjetividad que aspira en lo modos y como límite a una "intersubjetividad" más o menos lejana".

Desde este preámbulo, también es posible emitir hipótesis, pero su "falsabilidad" no puede abarcar los propios propósitos establecidos por el eminente Karl R. Popper en su obra "La lógica de la investigación científica", pues como acabo de decir, el campo de prueba solo abarca (nada menos) nuestra propia interioridad, nuestro sí-mismo, que solo puede "medir" cualidades, no cantidades, y ese es el gran margen de error en el que nos movemos... Aquí la empatía posee un importante papel: ¡lo siento por sociópatas, u otros personajes mermados en cuanto a tal virtud!

Una hipótesis que ya propuse recientemente en el artículo "La punta de lanza en la construcción del ser": "La proa en la construcción del ser lo representa la evolución como fuerza original, es decir, la primera manifestación de la naturaleza (materialidad)".

Esa evolución es la potencia capaz de abrir diferentes posibilidades, que son materializadas por el entorno, o por la elección de los observadores... Y ese avance en los sistemas orgánicos ("kuerpo"), provoca la aparición de nuevos "elementos", cualidades/sensaciones, dentro de la segunda manifestación; no es una "emergencia" desde la primera manifestación, todo lo más una semilla que produce la "reacción" de ese "mundo de cualidades" (segunda manifestación), concretada en la aparición de nuevas cualidades/sensaciones en tal mundo, y que solo se manifiesta en los "kuerpos" de cada organismo: sensaciones, emociones, pensamientos, voluntades, y un amplio etcétera.



La primera manifestación, pues, es como la "lanza" que dirige la inseminación en la segunda manifestación, creando en su seno nuevos elementos/ cualidades... un mundo aparte del material, con sus propias leyes, entre las que no figura la limitación temporal vigente en la primera manifestación, tanto en la pura materialidad como en la interface psiquis/mente, tan unívocamente relacionada con la anterior.

Entonces, a "bote pronto" (permítaseme tal expresión), se me ocurre que todo ello tiene su trascendencia, y no pequeña, sobre la pertinaz pregunta que acompaña a nuestro espíritu desde que somos humanos: ¿Qué hay después del óbito?

Como prolongación de los razonamientos que acabo de exponer, en la segunda manifestación, sus elementos no estás sometidos a evolución: "son como son en eternidad"; una vez creados no hay constancia de su desvanecimiento... , sí en el "kuerpo" de cada criatura, pero "disponible" para cualquier otro "kuerpo" poseedor de la misma estructura (léase lo expuesto en otros artículos de mi autoría, sobre "sincronicidad", sensaciones comunes entre gemelos, etcétera). Entre el sin fin de "elementos" de la segunda manifestación, uno sería la sensación/sentimiento de individualidad/sí-mismo de cada criatura... El conocimiento que  proporcionaría el "know how" aplicable al respecto, afianzaría la idea de "perdurabilidad"... Nada más podríamos decir al respecto: ¡Al menos eso es lo que habría después del óbito, una prolongación "ad eterno" de la sensación/sentimiento de ser uno mismo!

Sigo diciendo: ¡Un nuevo mundo de nuevas capacidades se abre ante nuestros ojos!

martes, 29 de noviembre de 2022

Sintiencia

 Hay multitud de teorías acerca de la sintiencia (capacidad de sentir de los seres vivos).

En realidad la sintiencia se refiere además de sentir emociones, dolor, bienestar, etcétera, a la consiguiente percepción subjetiva del entorno y las experiencias vitales. Se entiende, pues, que sea un concepto fundamental para la filosofía de los derechos de los animales, por ser la base de la capacidad de sufrir, y por ende de la otorgación de ciertos derechos.



Sería, entonces, una forma minimalista (qualia) de definir la conciencia, que sería distinta de otros aspectos de la mente y la conciencia, como la creatividad, la inteligencia, la intencionalidad o el auto-conocimiento.

Para Colin McGinn, la sintiencia nunca será entendida, "nuevo misterio", siendo el único aspecto de la conciencia que no se podría explicar. Otros filósofos, como Daniel Dennett, no están de acuerdo, y además piensan que los animales no humanos no son sintientes.

Para Donald Broon, de la Universidad de Cambridge, un ser sintiente, puede "evaluar las acciones de otros en relación a las suyas y las de otros, recordar sus acciones y sus consecuencias, evaluar los riesgos y beneficios, sentir sentimientos y tener un grado variable de conciencia".

La sintiencia implicaría la capacidad de experimentar placer y dolor.

El investigador Manu Herrán se pregunta si hay más sufrimiento que dolor en la naturaleza. Nos dice que Oscar Horta ("La cuestión del mal natural: bases evolutivas de la prevalencia del desvalor"), opina que "el desvalor prevalece sobre la felicidad existente en la naturaleza", debido al proceso evolutivo en un contexto en el que los recursos son escasos, así que el sufrimiento y la muerte temprana serían la norma de la naturaleza; en otras palabras, "el número de individuos que viene al mundo solo para morir de forma dolorosa al poco tiempo supera ampliamente al de aquellos que sobreviven".

Para Herrán, el uso de simulaciones informáticas de teorías sobre la sintiencia podría ayudar a entender mejor las discusiones sobre la sintiencia que se manifiestan en abundantes debates sobre el tema.

De todas formas, dicho autor, advierte de los inconvenientes que se presentan acerca de la sintiencia en relación del sufrimiento y disfrute. Se pregunta: ¿sufrimiento y disfrute son medibles y comprobables, o bien pueden considerarse como valores negativos y positivos de una misma variable, dimensión, eje o gráfica?; o ¿serían variables diferentes, como la sal y el azúcar que parecen opuestos pero no lo son, y sin duda, no se compensan?

En mi opinión, esta forma de afrontar la sintiencia, en cuanto a sufrimiento y disfrute de forma global de las criaturas vivientes de la naturaleza, tiene un defecto básico en orden ontológico, que tiene mucho que ver con el mundo de las cualidades (qualia). Por no extenderme mucho, decir que la evolución como criba de la vida, al escoger las criaturas más adaptadas, supone admitir el espejismo del sacrificio (sufrimiento) de muchos en beneficio de los que quedan (disfrute). Y eso no debe tomarse así, pues el mundo de cualidades (qalia) pertenece a un críptico entorno donde la circunstancia temporal (presente), no posee el trascendente poder de totalidad en cuanto al comportamiento y la decisión: la vida es un todo atemporal e histórico que trasciende el mismo tiempo, y su qualia representa la unicidad y el reconocimiento propio del individuo. Ontológicamente hay un abismo entre la materia inerte, y la materia viviente y sentiente: ¡el hecho de vivir, de ser tal ente, supera en mucho la capacidad de sentir sufrimiento o disfrute en cada uno de los presentes de la vida de una criatura!

Estoy con MacGinn en su idea de que la sintiencia es el único aspecto de la conciencia que no se puede explicar (científicamente). 

jueves, 15 de septiembre de 2022

Tecnología y naturaleza: La "preservación" de nuestra estirpe

 Cambio climático, contaminación global, hecatombe mundial por causas biológicas y/o químicas, u holocausto nuclear... Todo tiene un denominador común: la acción humana que, sobre todo en estos tiempos, tiene que ver con su tecnología, el desarrollo científico aplicado, lógicamente, a lo material, al entorno que nos circunda, en otras palabras: la naturaleza.

De tal forma, tecnología y naturaleza aparecen imbricadas, sin que se vea "retorno" previsible (es decir, en dirección contraria); quiero que se me entienda: cualquier desarrollo tecnológico humano tendrá su incidencia, y mucha, sobre nuestra naturaleza.: ¡Gaia reclama su papel, y su advertencia (mayores desajustes, incremento de cataclismos, etcétera) es clara!


No queda más remedio, no nos queda más remedio que "enterrar" la tecnología de forma definitiva (el planeta lo reclama), para sustituirla por el binomio "tecnología-naturaleza", o sea, desterrar lo "tecno" para sustituirlo por la "Tecna", un "palabro" nuevo que designaría ese equilibrio entre tecnología y naturaleza ("Tec" y "na", correspondientes, respectivamente, a "Técnica" y "naturaleza"), un equilibrio dinámico entre tecnología y naturaleza, único "grado" de tecnología ya permitido, siempre y cuando pertenezca al binomio aludido: ¡no lo "tecno", sí la "Tecna"!

Y en eso debemos de ser radicales, como lo es la propia naturaleza (el planeta) con las agresiones que continuamente recibe de nuestra parte.

Todo adelanto tecnológico que incida "negativamente" sobre el nuevo equilibrio representado por "Tecna", debe de ser eliminado de raíz.

Todo tiene que ver con las prioridades... Se construyeron los consagrados principios relativos a los Derechos humanos", y se evolucionó hacia una nueva sensibilidad con los "Derechos de los animales"... Pues bien, la ONU y todas las organizaciones globales del mundo deben, ahora, reconocer algo prioritario sobre los mismos que tiene que ver con la "preservación" de la propia humanidad, la estirpe humana que, cómo no, lleva en su seno la "Declaración de los derechos humanos", de la de los animales, y de la naturaleza en conjunto: ¡el hombre como especie no puede salvarse sin preservar y cuidar el entorno en el que vive, la naturaleza!

Sí, y hay que prohibir, por consiguiente, ciertas cosas, ciertos comportamientos, el poder por el poder, la "tecnología desbocada", que en vez de procurar un desarrollo humano sano, nos conduce al desastre medioambiental y a una serie de peligros que amenazan a la humanidad entera.

No puede admitirse de ninguna forma, la existencia de comportamientos autoritarios o dictatoriales que campan por sus respetos, sin pasar por el tamiz de un control más democrático, que pueda imponer las limitaciones anteriormente expresadas.

Es urgente, y mucho, poner límites al desarrollo de técnicas que conllevan en sí, el poder destruir la propia "estirpe humana".

El binomio "Tecna" y lo que ello supone, reclama una inmediata puesta en escena; "tecnología" y "naturaleza" necesitan avanzar en un paralelismo, una imbricación mutua beneficiosa para ambas, que asegure la propia "preservación" de nuestra estirpe.

viernes, 15 de julio de 2022

El paraíso terrenal

 El paraíso terrenal: ¡El planeta Tierra!

Sí, la Tierra es el "paraíso terrenal" para la "estirpe humana"... Y recalco, "para la estirpe humana"... Ni hombres buenos, ni hombres malos... No hay "moralidad" en lo que digo, simplemente "la estirpe humana".

Después de ir conociendo (tímidamente aún, pero numerosos en conjunto: más de varios miles) la existencia de planetas extrasolares, es decir, de más allá del Sistema Solar, por el tipo de instrumentos usados en su búsqueda y localización, son mayoría los planetas gaseosos al estilo de Júpiter o Saturno, pero aún los rocosos (tipo Marte o la Tierra), con los conocimientos actuales, solo pueden albergar vida los situados en una zona muy limitada y concreta de las órbitas de la estrella sobre la que rotan... Pero son muchas las condiciones necesarias para que cualquiera de tales planetas pudieran poseer vida (bacteriana o más elaborada). Aparte de que la propia definición de vida, sigue siendo un problema científico a resolver de primer orden, pues pequeñas variaciones en los factores que concurren en su aparición traen consigo, previsiblemente, tipos de vida que se antojan extraordinariamente variables; solo hace falta ver la diversidad de especies (millones) que se dan en la Tierra, dentro de un margen o variación de dichos factores que no parecen ser demasiado extremos... Pero no solo hablamos de unos pocos factores o condiciones que hagan posible la vida, sino que pudieran ser muchos más, quizás bastantes, y no solo la gravedad, la atmósfera, la existencia de agua, la temperatura, etcétera, existentes en tales planetas que pudieran sustentar vida; hasta la deriva de los continentes, a la existencia de satélites adecuados, o sea, un largo etcétera.

Pero lo principal no es ya la posibilidad de vida que, por cierto, sigue siendo una desconocida en su totalidad, sino: ¿Qué tipo de vida?... Y es que la evolución nos ha enseñado que los organismos vivos en la Tierra, se han ido adaptando a las diversas circunstancias, cataclismos, etcétera, es decir, a la historia geológica, climática, etcétera, del planeta... En otras palabras, toda esa historia, ha "esculpido" la diversidad genética de las especies que viven y han vivido en cada uno de los períodos geológicos que han ido sucediendo, hasta llegar a la realidad actual (millares y millones de especies), en la que es evidente el predominio tecnológico, para bien o para mal, de una de esas especies, el "Homo sapiens".

Y todo se ha comportado como el símil de una puerta con su cerradura, y su llave correspondiente: ¡la vida en la Tierra es el resultado de una evolución sobre un entorno (la puerta) para producir unas especies específicas para ese entorno (las llaves). De forma que la vida terrestre está tan intrincadamente superpuesta al mismo planeta, como la "puerta y su llave precisa"... una coevolución inseparable una de otra... Y en cada planeta extrasolar (casi sabemos con seguridad que en los demás planetas del Sistema Solar, no puede existir ninguna vida tan evolucionada como la nuestra) debería suceder lo mismo, es decir, en cada uno de estos planetas la vida habrá evolucionado de forma tal, que sus especies tendrían una "conexión íntima" con las circunstancias especiales del mismo, en otras palabras: ¡esa vida podría fácilmente ser incompatible con nuestro entorno terrestre!... ¿De qué valdría llegar en el futuro a planetas donde prácticamente no podríamos vivir?... ¡La vida se desarrollaría en "cápsulas" aisladas del entorno de dichos planetas!... y para mí tal vida "artificial" no me parece nada sugerente... ¡Sería algo así como vivir en el espacio interestelar por siempre, no como el "Homo sapiens" (con nuestra condición de simio avanzado) sino, más bien, como "Homo errante" (me recuerda al "holandés errante)!


La derivación con respecto a los posibles "viajeros del espacio" que nos visitasen sería que no somos en absoluto "apetecibles" para que nos invadan, en un mundo en el que les sería muy difícil vivir (de forma "natural", a su consideración). No habría que desechar, entonces, que los posibles viajantes fueran, más bien, autómatas, o simples naves de observación.

Así que, habría que añadir. entonces, tal nuevo factor a la ecuación de Drake respecto a la improbabilidad de los contactos con otras inteligencias extraterrestres. (Por cierto, el descubrimiento de América, con la introducción del hombre europeo en civilizaciones desconocidas como la Maya o la Inca, existentes entonces en la zona, es muy mal ejemplo al respecto: ¡se desarrollaban en el mimo planeta Tierra).

Por ello, recalco con rotundidad el imprescindible y necesario cuidado de nuestro planeta Tierra, nuestra cuna y nuestro futuro más probable y previsible. Desde tal punto de vista, pues, la Tierra es el mejor regalo que tenemos para vivir, es decir, aquello que desde siempre se asemejaba al "Paraíso terrenal" de nuestras mitologías, limitado como la Tierra y el propio hombre, pero sí de este mundo.

martes, 1 de febrero de 2022

La sintonía entre corazón y razón

Curioso, el programa "Cuarto milenio" de televisión, y en especial su director Iker Jiménez, han  sido capaces de hacer que reconsidere mi posición respecto a un tema que aparte de su enjundia, encierra no pocos replanteamientos de rabiosa actualidad, puesto que toca asuntos como la actitud vegana, el amor por las mascotas, la "desarmonía" entre conciencia e impulsos inconscientes que más allá de lo propuesto por Freud, moviliza el motor de la propia vida.

Diría más, todo esto, puesto en orden, a mi parecer, resolverían unas pocas interrogantes que realmente están en el fondo encubierto de muchas de nuestra angustias... y una de ellas sigue siendo el "trance de la muerte". Tales afirmaciones, requieren, evidentemente, al menos algunas reflexiones por mi parte. Trataré de explicarme.

Nos decía Iker que existía un claro contraste entre el amor, cada día más creciente, hacia los animales, en particular nuestras mascotas, y la evidencia como animales omnívoros que somos de alimentarnos de la carne de los animales. Nos decía: ¿No puede ser una adorable mascota un cerdito de corta edad? ¿Qué le diferencia de nuestro perro o gato?...¡Una abominación para nuestra sensibilidad sería alimentarnos con los últimos!... Y racionalmente, el entendimiento, la inteligencia, nuestra conciencia nos muestran la evidencia de tales hechos... ¿La sociedad está desquiciada?... ¡Veganos y carnívoros se disputan nuestra sensibilidad!


 Pero, en el mundo animal no existe tal paradoja, mas nosotros somos animales... ¿distintos?, ¿racionales?... Si es así, es esa razón la que "crea" artificialmente o no, tales paradojas.

Algo está en desintonía... Como la inconsciencia, el instinto es la base u origen del mismo sentido de la vida, no es ahí donde hay que buscar... Mucho más reciente, la razón, sería el motivo a estudiar, el meollo de nuestras sospechas... Y así lo creo, aún cuando tengamos en tan alta consideración esa parte de la inteligencia llamada consciente, con su razonamiento, su búsqueda de evidencias, de objetividades... ¡No casan muy bien consciencia y sensación (corazón)!

En la generalidad de seres vivos, si nos exceptuamos, no existe paradoja alguna: el animal mata para comer, para alimentarse, pero no mata (normalmente -las excepciones confirman la regla) a sus crías, y hasta respeta a otras especies "hermanadas" con ellos, cuando en la pura vida salvaje, las devoraría... Para el animal todo esto es lo más normal, no hay paradoja alguna, sus impulsos vitales inconscientes (instintos y otras fuerzas obran sobre él, sin menoscabo de la consciencia que, el menos muchos de ellos, poseen). 

El problema es humano, y tiene que ver con su sensibilidad (el reciente reconocimiento de los animales como "seres vivos sintientes" no hace más que confirmar lo dicho).

Si la parte inconsciente del animal no es el problema (ante las citadas paradojas), y por otra parte la conciencia nos ha proporcionado un desarrollo técnico y científico suficiente para lograr dominar la naturaleza, tiene que ser la desintonía entre ambas partes la que produce los desajustes, las angustias, las paradojas.

Y así debe de ser, mas tal reconocimiento nos lleva al convencimiento de la necesidad de hacer cambios, a veces sustanciales, en nuestros comportamientos, y el primero que se me ocurre tiene que ver con la relación entre unos y otros, es decir, las relaciones sociales: ¡habría que separar razón y corazón en las mismas! ¡Dejar en el ámbito privado el corazón y en el social la razón! La relación con los demás socialmente, no debe de estar sometida a comportamientos viscerales que son el origen de sectarismos tanto en política como en religión... El comportamiento social debe regirse por leyes totalmente racionales, no viscerales, emocionales, por lo que nacionalismos extremos, racismos o cualquier tipo de odio deben de ser totalmente desterrados. Como digo, ¡no mezclemos razón y corazón! ¡Dejemos el corazón para lo individual (a semejanza del puro animal), para los asuntos personales!... Y ello incluye, por consiguiente, lo citado anteriormente en relación al "trance de la muerte"... Una cosa es el "duelo", un asunto social, y otra el "afrontar personalmente" dicho trance, puesto que: ¡Nacimos en soledad y moriremos de igual forma!... Los asuntos personales son nuestros y no de los demás... Cada cosa en su terreno: no mezclemos nuestras más íntimas sensaciones, con la razón consciente que debe regir en la comunidad, en nuestras relaciones con los demás... ¡Fuera paradojas, seamos tan inocentes como el propio animal!

Consciencia, Creación y Evolución

  ¿Una reedición de la "Evolución creadora" de Bergson? Por supuesto que no, aunque el concepto de "elán vital", impulso...