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miércoles, 18 de febrero de 2026

La excepcionalidad del Omega

 El Alfa y el Omega. Una expresión muy utilizada por el filósofo Teilhard de Chardin.

En mi pensamiento: El Alfa, tan unido al origen del universo, al Caos o la Nada de los antiguos. El Omega, el summum o final de la Evolución, el final de los tiempos. También una extensión de lo que en muchos de mis escritos establecí, con otras acepciones como la primera y segunda manifestación del universo. La primera que partiendo del origen del universo (Big Bang u otras hipótesis), se manifiesta como la propia materia en sentido general, donde rige  la Física conocida, el reino de lo material que comprende, a grosso modo, también su evolución, aunque mediatizada por otros factores. La segunda manifestación es la que "provee" a la vida, a los seres vivos, de las  propiedades "cualitativas" que les adornan, ese "mundo de cualidades" tan difícil, casi imposible de explicar desde las leyes físico materiales de la Física y la Química... ¿Pero de dónde procede ese flujo que invade a la materialidad del cuerpo de los seres vivos? En mi opinión, de lo que llamo el punto, el polo o el faro Omega. Omega es una fuerza tremenda de la naturaleza, el fin al que conduce la propia Evolución, a parte de las posibles divergencias que quedan abortadas a lo largo del tiempo.



El Omega, a la vez, es producto de la Evolución y foco de ella... Su "tirón" llega hasta el mismo principio de los tiempos, del origen del universo, estableciendo sus leyes, que le conducirán finalmente a el mismo, influyendo en los seres vivos al proporcionarles las sensibilidades y las propiedades más excelsas de todos ellos, de la Vida.

El campo mental, la psiquis, es también una expresión de su poder, y con ello todo lo que le acompaña, libertad de elección, voluntad, entendimiento y consciencia, que continúa con el reconocimiento de esa consciencia: la conciencia.

El mundo, la materia se apercibe de su propia esencia a través de los hijos de la Evolución, los ojos de sus criaturas, admirando así la belleza y la majestuosidad de toda la Creación, en un proceso evolutivo que aúna materia, azar, sensación y voluntad a su progreso, en dirección a ese acontecimiento singular y fin de todo lo creado, llamado Omega... Muchos le llaman Dios; para mí es una excepcionalidad de la Creación, que toca el infinito de todas las criaturas creadas que contribuye a su magnificencia, el summum de todo lo creado, y que puede ser posible a través de una de las propiedades de ese mundo esquivo de la Cuántica, en particular la "retroacción del tiempo". Y es más, el tiempo no es un absoluto, sino una simple dimensión precisa para la fabulosa manifestación de toda la Creación, cuyo fin último y principal es la propia creación de la Criatura Suprema, desde el Alfa al Omega, y en la que nos incluimos todos los seres dotados de vida, gracias a la formidable potencia de las consciencias (voluntad y libre albedrío), tanto de las nuestras como la del Ser Supremo.

El universo todo es simplemente la expresión de la propia Creación de Dios, y todo se circunscribe a ello, sin entrar en la especificación del tipo de hipótesis que adoptemos como desarrollo material del proceso: eterno retorno, Big Bang, Big Crunch, etcétera.

El mundo es como es gracias a las consciencias que lo modelan, la imagen completa de toda la Creación.

sábado, 7 de febrero de 2026

¿Ve el universo a través de ti?

 El hombre, los seres vivos somos un producto de la naturaleza, del universo... Y tenemos ojos que alcanzan a admirarlo, a verlo, a asombrarnos de su majestuosidad.

La afirmación de que "somos los ojos del universo", parece más bien una afirmación característica de nuestro antropomorfismo, es decir, la constatación clásica de nuestra mente humana aplicada a todo lo que nos rodea... Seguramente sí, por ello debemos intentar ser más objetivos en nuestras expresiones. Indudablemente, el hombre, muchas de las criaturas vivas poseemos ojos que dan cuenta de lo que nos rodea (la naturaleza), y hasta, gracias a ellos, podemos elaborar teorías, descripciones, explicaciones de los fenómenos que se desarrollan a nuestro alrededor... Sí, pero esa apropiación del entorno es la de cada uno de nosotros, mas ¿eso que tiene que ver con que el propio universo como tal, pueda ser consciente de aquello que vemos nosotros? ¡Hay un mundo entre el ojo humano y el ojo del universo!... Y desde lo más básico: el sujeto "receptivo". En el caso humano, hay un sujeto claro, el individuo, pero en el caso del universo no hay claridad alguna: ¿Existe algún "sujeto" o ser propio del universo, es decir, puede considerarse el universo todo como una identidad,  algo así como la Gaia que algunos asignan al planeta Tierra?

Podría ser, pero estamos a años luz de tal afirmación... así que solo podemos plantearnos si ello sería posible. En mi opinión creo que sí, y nosotros podemos coadyuvar a que suceda.

Para mí, desde una mentalidad puramente científica, vendría a cuento el símil del magnetismo. Un cuerpo material es ferromagnético si el magnetismo de cada uno de sus elementos componentes puede "acoplarse" a los otros (misma dirección y sentido); en caso contrario no presenta dicho magnetismo. Una especie de sintonía.

Salvando las indudables distancias, si los ojos de las distintas criaturas vivas (al nivel humano) se "alinean", es decir, "sintonizan" de alguna forma, esa visión múltiple ¿no podría en el fondo considerarse, o más bien, hacer posible una visión uniforme perteneciente a cierto ente que desconocemos, obviamente, aún?

El ontológico salto a ese supuesto ente, expresado a través de las miradas "acopladas" de los distintos ojos de las criaturas humanas correspondientes es, por supuesto, una hipótesis muy atrevida, pero en ello radicaría la posibilidad de la Conciencia Universal propuesta en este Blog.


Si eso fuese posible deberían aparecer indicios, o alguna señal en la propia historia humana que apuntase a ello.

Especulación sí, pero me permito hacer hincapié en algún ejemplo humano que apunta, en cierto sentido, a ello. Lo encuentro en los estados de conciencia denominados "Pachakuna", que se da entre los creyentes de la Pachamama andina (con el mayor respeto hacia ellos).

En quechua la Pachamama es una deidad de los Andes que representa el espacio-tiempo. Es una deidad del tipo de la Diosa Madre vinculada a la fertilidad, la siembra y la cosecha. Posee el rol de madre del mundo que provee su sustrato material y aptitud de los humanos. En la ontología andina, Pachamama trasciende la condición terrestre y se asocia con una unidad espacio-temporal, o ciertos estados de conciencia. Una diosa, un ente que podría, a través de sus creyentes ser y observar (ver) la naturaleza misma.

Y volviendo a la hipótesis anterior, si el universo pudiera "observarse a sí mismo" a través de nuestros propios ojos humanos, sintonizados u orientados en dirección a un faro común, ¡qué tal si el horizonte fuese la consecución, la "realización" del punto Omega del fin del mundo!

La vía parece clara, la sintonización que haría posible la especulativa "Conciencia Universal". Es indudable que somos productos o hijos evolutivos del universo, pero "construir" la Conciencia Universal supone ser "precursor" del movimiento que conducirá al Omega final. De ahí el título del presente artículo. ¿Quieres participar en la consecución de la Conciencia Universal?... Solo tienes que preguntarte: ¿Ve el universo a través de ti?

lunes, 19 de enero de 2026

El mundo es relacional (la evanescencia del tiempo y el espacio)

 Un sueño reciente que para mí representó una conmoción. Partiendo de la realidad (en el sueño) de un presente determinado, me sugería a mí mismo, ya que el sueño lo permite (esa combinación casi infinita de perspectivas, ambientes y tiempos pasados), aprovechar la posibilidad de inmersión en un cierto pasado mío, para desde allí resolver el problema que me acuciaba en aquel presente actual del sueño.

Resulta que esa inmersión, sorprendentemente resultó un verdadero caos, pues el entorno no me era favorable en absoluto para mis intenciones; todo me resultaba extraño al no sintonizar  el nuevo entorno con el entorno del presente del que partía y que me "impregnaba".

Paradoja: ¿Cuál era el problema?... Después de recapacitar sobre ello, una vez despierto llegué a la conclusión de que era el tiempo el que lo desdibujaba todo, el que producía el "desorden" percibido en el sueño... El propio tiempo producía desorden, o de otra forma, el orden, el sentido del entorno que definía en cada momento  la "realidad" tenía que ver con con una "concepción" del tiempo específico para esa realidad, en otras palabras, el orden, la realidad ordinaria solo es concebible, solo es posible tras la prefiguración de un tiempo, y también de un espacio determinados: aparecen, por consiguiente, las abstracciones que llamamos tiempo y espacio. Quiere ello decir que espacio y tiempo no son básicos o fundamentales, sino que emergen de algo más sustancial: lo que llamamos "relacionalidad" o "correlacionalidad".

Y a esto me refiero cuando anuncio "la evanescencia del tiempo y el espacio".

La mente, la consciencia, precisan del "orden" en sus planteamientos, para que la realidad se asiente en el entorno, y de ese "orden" provienen o quedan definidas las abstracciones que llamamos tiempo y espacio, y por prolongación relativista la propia gravedad.

El sustento de tal visión quiero verlo, sin ir más lejos, en las hipótesis que aparecen en los dos siguientes artículos expuestos en el grupo de Facebook "Conciencia Universal Majadahonda". Un esbozo de los mismos expondré a continuación.

El primer artículo se titula: "Hacia una teoría del todo: la unificación cuántico-gravitatoria. ¿No pueden coexistir Relatividad y Cuántica?"

Llega a la conclusión de que el error está en la suposición de que "Espacio y tiempo existen". ¿Y si el espacio-tiempo es algo que no deba cuantizarse ... , porque no es fundamental?

Y asevera lo siguiente:

 El espacio-tiempo podría emerger de una estructura más profunda. Entonces:

1. El conflicto cuántico-gravitatorio desaparece pues serían límites distintos de una misma estructura subyacente.

2. Las singularidades dejarían de existir. Existe una densidad máxima.

3. El tiempo deja de ser absoluto. Simplemente no fluye, sino que ordena correlaciones.

4. La información no se pierde.

Viene a colación la teoría de Rovelli sobre la "Gravedad cuántica de bucles". El flujo del tiempo es solo una manifestación macroscópica de la termodinámica.

El segundo artículo al que me refería antes también figura en el Blog Simbiotica´s Blog, y se titula: "Interpretaciones de la Mecánica Cuántica (MC)-VI". Se refiere a un trabajo de Carlos Madrid: "¿Existen los espacios de Hilbert de la mecánica cuántica?". Su conclusión: "La distinción estructura/ontología (forma/contenido) tal y como la emplean los realistas estructurales, colapsa. No existe un corte limpio entre el formalismo y la interpretación.



La Mecánica Matricial de Heisenberg (MN) y de la Mecánica Ondulatoria (MO) son equivalentes (espacios subyacentes isomorfos), sin embargo, ambas mecánicas prescriben estructuras ónticas incompatibles (discreta y continua). Y nos dice: "Si la ciencia capta la estructura metafísica del mundo (realismo estructural), la Naturaleza es esquizofrénica, puesto que las estructuras ónticas de la MN y la MO son incompatibles, pese a que sus estructuras teóricas son matemática y empíricamente equivalentes".

Mi solución: Hay una única ontología que se refiere a la dualidad onda-corpúsculo. La existencia de dos ontologías  distintas ¡es rechazada por la realidad! 

Así que el mundo es relacional, y las correlaciones representarían lo más profundo de la Física, de las que emanarían el propio espacio y el tiempo.

jueves, 11 de diciembre de 2025

¿Qué es un ser vivo?

 "Es la imbricación mutua entre un elemento de la primera manifestación (del universo) y un elemento de la segunda manifestación".

"Nuestro yo, si queremos nuestra voluntad, es capaz de inmiscuirse con asiduidad, meterse literalmente en los pensamientos, hasta llegar a una identificación plena con los mismos, y esa identificación supone la aparición de las propias sensaciones acompañadas de los distintos signos identificativos externos, Y precisamente dichos signos son lo único que la ciencia estudia en neurociencia (neurotransmisores, potenciales eléctricos, etcétera).

Mi hipótesis es que la identificación entre los pensamientos y nuestro yo (voluntad, individualidad, etcétera) se refleja o se traduce en los elementos que llamamos sensaciones, algo interno (el sí mismo), y los signos externos, campo de la neurología."

(Tomado del artículo del Blog Foro Esencia, titulado Mecanismo o Metafísica (MoM) de la sensación, correspondiente al 25 de marzo de 2025)

La única salvedad a la que apunto ahora se refiere a señalar que dentro de nuestro yo (algo que no explicité en el citado artículo) la consciencia/conciencia debe de tener un destacado papel.

En la definición de vida, por cierto, expresada en muchos de mis artículos, figuraba la información (ADN) y la sensación, en la forma: agregado información/sensación. La información correspondiente a la parte material del ser vivo (cuerpo), y la sensación, el aspecto cualitativo, perteneciente a ese mundo de cualidades que últimamente definí como la segunda manifestación del universo; el cuerpo pertenecería a la primera. En otras palabras, esa antigua definición concuerda con la que acabo de exponer al principio del artículo.

Mas, esta nueva apariencia claramente permite advertir ciertas implicaciones que desvelaré a continuación.

El apuntado mecanismo (MoM) describe la forma en la que el mundo de la primera manifestación (materia) incide en la creación de nuevos elementos de la segunda (mundo de cualidades). En la primera manifestación se circunscribe lo que llamamos Evolución (biológica, etcétera). La Evolución permite la aparición de nuevas estructuras materiales (cuerpos) que acompañan a las nuevas criaturas vivas... Y gracias a (MoM), la consciencia de dichos seres es capaz de recibir, de percibir nuevas sensaciones que constituyen nuevos elementos de la segunda manifestación... Y todo ello supone la constitución, creación de diferentes elementos de la segunda manifestación del universo, que gracias a su naturaleza (una vez creada) son inmutables, eternos.

Por la Ley de semejanza, hipótesis que formulé en otros de mis escritos, estos nuevos elementos de la segunda manifestación podrán conectarse, incidir y hasta identificarse (por el mecanismo MoM), con otras posibles estructuras materiales (cuerpos), lo que significa la posibilidad de contactos que explicarían fenómenos extraños como mensajes del futuro, telepáticos, o conexiones sentimentales entre gemelos, etcétera.



Aparte de estas implicaciones, otras nos dicen que un ser vivo no necesariamente debe estar constituido por elementos biológicos u orgánicos, sino, además, podría conformarse con otras estructuras materiales compatibles (posibilidad de identificación) con ciertos elementos de la segunda manifestación. O sea, una estructura material concreta puede identificarse con cualquier otro elemento de la segunda manifestación, con lo que sería, entonces, una criatura o ser vivo, junto a tal elemento de la segunda manifestación, con la salvedad de las oportunidades que confiere la citada Ley de semejanza.

Así que, pregunta: ¿Los robots pueden estar vivos, es decir, ser criaturas vivas? Por supuesto, entonces, si entran dentro de las condiciones expuestas, el concepto de ser vivo se ve considerablemente ampliado.

martes, 2 de diciembre de 2025

Los "trascendentales"misterios: El sentido de nuestras vidas y del propio universo

 Precursores: A mi entender, en cuanto al tema que nos ocupa, considero de especial relevancia los siguientes hitos y figuras de la élite cultural mundial: el "Elogio de la locura" de Erasmo de Rotterdam; el creador del Psicoanálisis, Sigmund Freud, y su discípulo Carl Gustav Jung; el filósofo anticipador del Superhombre, Friedrich Nietzsche; el redefinidor del tiempo Henri Bergson; el filósofo del neocristianismo Theilhard de Chardin; y toda la filosofía que subyace en la rama cuántica de la Física.

La potente y contemporánea filosofía de la angustia (existencialismo) debe de ser superada, no solo por los sucesivos "ismos" que la sucedieron en la filosofía sino por la actual búsqueda de la "trascendencia" que ansiosamente busca el hombre en nuestros días. La necesaria trascendencia en la que el ser humano necesita instalarse para cercenar esa angustia que le cercaba, es un fin en sí mismo. Llega la hora de ir a su encuentro, descubrirla entre los cimientos que alguna vez quedaron desperdigados, tal vez desechados en cierto momento, entre la multitud de hechos culturales sucesivos y tozudos que llegan a desviarnos de nuestros valores de antaño que eran sustanciales en nuestra naturaleza. Desde un punto de vista más positivo, tales "enfermedades" han tenido, por el contrario, el efecto de fortalecernos en el entendimiento de lo que era más precioso, más fundamental de nuestra propia naturaleza.

¿Una vuelta atrás?... No necesariamente; todo lo opuesto, un fortalecimiento de nuestras convicciones más profundas. En particular, yendo ya al caso de la filosofía que vengo pregonando desde hace algún tiempo, una vuelta más de tuerca me lleva a establecer una "básica triada", y una nueva ontología con capacidad para redefinir el papel que representa nuestra vida en el universo, lo que le da su sentido y el del propio universo, y conlleva, desde luego, una moralidad ya no relativa como apuntaba Nietzsche, sino tan absoluta como el punto Omega de la creación.



No es cuestión de repetir todos los razonamientos acerca de la primera y segunda manifestación del universo, suficientemente descritos en artículos de la Web de este grupo, "Conciencia Universal Majadahonda", pero sí recordarlos y aplicarlos en el presente artículo.

Resumiendo y en síntesis anuncio: Una básica triada: Consciencia, Voluntad y la luz del Faro del Omega; un sustrato: Materia y Evolución; y una nueva ontología en la construcción de la esencia humana: Sensación, Consciencia, Voluntad y la fuerza de atracción del Faro del mundo, el Faro del Omega.

Así y consecuentemente, se erige una nueva moralidad, tras el mantenimiento relativo de la dicotomía, bien y mal. El bien transcurre en paralelo a la direccionalidad marcada por la luz del faro del mundo, El Omega. El mal crece en el sentido del alejamiento de tal camino.

No estarían completas estas ideas sin apuntar el decaimiento de otro mito contemporáneo acerca de la trascendencia del elemento tiempo en toda la filosofía de la ciencia, el paradigma del tiempo físico tan sólidamente establecido por el propio Einstein en su teoría relativista, y en toda la Física hasta hora conocida.

Un nuevo paradigma al respecto quiero establecer: "Ese tiempo de la Física no es más que una idealización  de la sucesión cuántica del movimiento. Lo cierto sería la visión cuántica del mismo como jalones, hitos o acontecimientos puntuales definidos en la realidad."

La revalorización de la Física Cuántica en nuestros días tiene que ver con su intromisión reciente en el fenómeno vital, siendo un planteamiento clave en el desarrollo y expansión del pensamiento humano más inmediato.

Todo esto avala aún más la idea de co-creación originada por la Conciencia Universal, compuesta tanto por la de la Criatura Suprema (Dios creador) como las del conjunto de las consciencias pertenecientes a la multitud de seres vivos aparecidos a lo largo de toda la histórica secuencia vital.

En particular, el sentido de nuestra vida adquiere la trascendencia añorada, pues su consciencia y su voluntad, alumbradas por la direccionalidad del Faro del Omega, hacen crecer los elementos de la segunda manifestación del universo, precisos para la "milagrosa" aparición del Ser Supremo, que al instante iluminó toda la Creación; la propiedad de la retroacción del tiempo prevista en el seno de la Cuántica tiene mucho que ver, además de la insustancialidad del propio tiempo que acabo de señalar.

¡El sentido de la vida y del mismo universo aparecen, entonces, nítidamente ante nuestros ojos!

martes, 11 de noviembre de 2025

Spinoza y mi filosofía: ¡No hablamos del mismo Dios!

 

"La filosofía de Spinoza sí es una fuente importante de la mía, no obstante, muy diferente".

"¡Co-creación, esa es la clave!"

"Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tus hijitos...¡No me encontrarás en ningún libro!"

"Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti."

"No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en ti."

Tomado del artículo de Byron Vicuña titulado "Lo que Dios hubiera dicho (Anand Dilvar), publicado en el Blog "El Dios de Spinoza".

En resumen: "Toda la Creación es el mismo Dios".

En eso coincido con la visión de Spinoza, pero mi Dios, la Criatura Suprema, creó el universo que, a la vez incluía la creación de las conciencias, con su individualidad y su "libre albedrío".

Los conceptos de primera manifestación (materia) y de segunda manifestación (mundo de cualidades) son básicos en mi teoría, lo que permite la existencia de criaturas vivas con consciencia y libertad capaces de "crear", en una Co-creación compartida con Dios.

Esa Creación es la manifestación del esplendor de Dios, en un infinito en el que habita y que va continuamente creando junto con sus hijos, en una comunidad que se autocrea constantemente. ¡Ese es mi credo!

martes, 10 de junio de 2025

Criatura humana

 El ser humano: el cenit de la evolución en el planeta Tierra.

Las características de la criatura humana nos son conocidas, pues es algo que portamos encima, querámoslo o no, y por ello podemos sentirlas y especular sobre ellas.

El presente es una de las circunstancias básicas del comportamiento, pues en él se circunscribe el marco de la acción. El tiempo se empieza a percibir desde tal situación. A continuación, pasado como el marco en el que ya no podemos incidir, y futuro que aún no llegó y por ello estamos fuera de su acceso, se contemplan como extensión inmediata de aquel presente, y juntos configuran lo que llamamos tiempo, una dimensión perfectamente establecida en Física.

Pero para la criatura humana, ese tiempo no es lo más sustancial, pues se rige más bien por el tiempo que inunda nuestra mente, el tiempo psicológico. Al llegar a este punto, no puedo más que referirme tiempo al que Bergson llamó la durée que se refiere al proceso o el movimiento que percibimos en el mismo como transcurrencia. El tiempo así se configura como el ligado a la propia vida de la criatura: es nuestra experiencia como seres humanos, como criaturas humanas.

Pero ese pasado está compuesto por multitud de flashes que en su día fueron presentes, y desde el punto de vista de esa transcurrencia, son equivalentes al presente actual. La durée, pues, es el tiempo importante para la criatura humana, para su vida visionada como un conjunto que transcurre desde el nacimiento a la muerte.

Entonces, y consiguientemente, habría que buscar el encuadre que desde un punto de vista físico, material, explicase la constitución interna de esa durée. En mi opinión tendría mucho que ver con la casi mágica propiedad cuántica del entrelazamiento. Es sabido que el entrelazamiento no solo se produce en cuanto al espacio, sino también en el tiempo. Entonces, aquellos instantes que constituyeron en su día el presente de cada acción, se ven entrelazados con el presente actual , y no solo con los presentes del pasado, sino también con los que lo serán en el futuro. Así que esa durée que abarca toda la vida de la criatura humana, formaría el bloque definible al que me estoy refiriendo.



Y por qué circunscribirnos al humano solamente. La vida, nos enseña la evolución, es como una mancha que progresa al unísono, diversificándose desde el momento que apareció. Lo que existe para la criatura humana debe existir salvo matices entre sus compañeros vivientes, en mayor o menor grado. Así nos lo ilumina la lógica que para tales menesteres se presenta imprescindible.

Criatura humana, vida: ¡somos la catapulta desde la que el universo se presenta ante sus propios ojos!

lunes, 24 de marzo de 2025

CONCIENCIA DEL UNIVERSO

UD6 

En otro planeta, evidentemente, con una secuencia distinta de procesos aleatorios para conseguir la diversidad hereditaria y, por supuesto, con un medio ambiente diferente que selecciona combinaciones concretas de genes, las probabilidades de encontrar seres "físicamente" muy semejantes a nosotros deben de ser casi nulas, pero las probabilidades de encontrar otra forma de inteligencia no lo son, aún cuando sus "neuronas" fueran muy distintas. Nos dice Carl Sagan en su obra "Cosmos", que "puede haber planetas en los que los seres inteligentes tengan 10 elevado 14 conexiones neuronales como nosotros, pero puede haber lugares donde el número sea 10 elevado a 24 o 10 elevado a 34".

Vemos, pues, que la evolución, al menos, ¡cómo no!, en nuestro planeta Tierra logró hacer los pasos precisos para construir el maravilloso cerebro humano, tras una interminable secuencia de hitos azarosos que lo hicieron posible. Y es tal su complejidad que aún hoy somos incapaces de explicar en detalle su funcionamiento interno, hasta el punto de poder explicar la aparición en su seno de la consciencia, de la misma "psiquis animal".

Soy de la opinión, cada vez más sospechosamente evidente, que en la interpretación de la psiquis, la mente y la consciencia, la componente cuántica desempeña un cierto papel, que cualitativamente sería la conexión imprescindible para que la propia materia (el cerebro y sus neuronas) pueda hacerse consciente de sí misma, de "sentirse" a sí misma, de ser el verdadero "asentamiento" de su individualidad. Las propiedades cuánticas como entrelazamiento y superposición encerrarían en sí la magia de lo que llamamos "la qualia", haciendo posible el campo mental. Por supuesto, otros principios más clásicos, explicados por la neurología, representarían la otra parte necesaria para que tal admirable conjunto de cualidades pudieran expresarse.

La ciencia mantiene una febril actividad en pos del discernimiento del preciso proceso que haría posible la intervención fehaciente del mundo cuántico en el cerebro. Muchos experimentos apuntan a ello, en la búsqueda de unas interconexiones muchísimo más rápidas que las propias sinapsis de las neuronas. Velocidad necesaria para la formación de pensamientos y sensaciones, secuencia procesal oportuna para que ello tenga lugar. No creo que haya que esperar mucho tiempo para que todo ello se confirme.

En mis especulaciones (al no poder confirmar de manera totalmente objetiva lo expresado anteriormente) doy por sentado esta posibilidad, para poder explicar todo lo que viene a continuación.

Así, hago la hipótesis de que un cierto tipo de entrelazamiento cuántico entre las mentes de ciertos individuos, podría explicar la empatía, más allá de las ya encontradas neuronas espejo.

Pues, ahondando en la misma idea, ¿existiría un cierto entrelazamiento cuántico que explicaría "la conciencia del universo"? Por supuesto, sentando primero las bases de su existencia.

El hombre puede conocerse a sí mismo, al menos parcialmente, lo que constituye su "autoconsciencia". Esa consciencia de la propia consciencia es lo que llamamos "conciencia".

¿Cómo podría ser posible la existencia de esa consciencia universal?... La consciencia de sí mismo permite la aparición en el hombre, como acabo de decir, de la "conciencia". Entonces, para que el universo poseyera una conciencia precisaría "conocerse a sí mismo", ¿pero cómo?...

Sería necesario que sus propios componentes o elementos fueran conscientes de la propia realidad constitutiva del universo... Y a sí parece, pues, ¿no es la criatura humana el ojo "auscultador" del propio universo?... Uno de sus elementos observa su totalidad (del universo). Y el conjunto de sus elementos, teóricamente, sí podría observar toda la totalidad. En otras palabras: "El universo (sus ojos que son los de las criaturas con sus mentes) se observa a sí mismo". "Se hace consciente de sí mismo", ¿no es eso una conciencia? ¡La conciencia del universo!




La evolución del propio universo ha sido capaz de construir criaturas, sus hijos, capaces de observar la grandiosidad de toda la obra, del universo conjunto, consciencia de su propia existencia, una "supraconsciencia universal". Todo el cuadro cosmológico aparece en todo su esplendor.

Se me podría decir que cada individuo, como observador, apreciaría una realidad propia como suponen las últimas experiencias e interpretaciones de la mecánica cuántica. Cada una de las criaturas se apercibiría de una realidad propia, pero ninguna de ellas se contrapone a las de las otras criaturas u observadores, por tanto la mente de todas esas criaturas, en conjunto obtendrían la imagen de la realidad total que conformaría el universo. Resultado: "El universo se observa a sí mismo". El universo poseería una "conciencia universal": la "supraconsciencia".

En verdad, muchas cosas "no sabemos"; por ello andamos en la especulación, pero me gusta imaginar que todo ello supone un camino hacia la verdadera realidad, la realidad del universo.

Persisten muchas incógnitas. Entre ellas: ¿Qué es la "nada"?... El vacío físico se define como una negación, una "eliminación de elementos", para lo cual es necesario conocer la totalidad de los elementos que existían anteriormente... La "nada" sí supone la eliminación absoluta de todos los elementos que "en realidad" desconocemos. Pero el mundo existió porque en esa nada absoluta, no obstante, existía la "propensión" a durar (instinto de conservación primordial). Y es que existen varias nadas: la del origen y las posteriores (que acaecen después de los distintos óbitos de cada criatura), relativas a las circunstancias de cada momento.

Aprovecho, aunque sea algo marginal a lo antedicho, que el reciente paradigma social llamado Woke, y su aparente caída (al menos en buena parte del mundo), no es que se asemeje al "anticristo" del filósofo Frederic Nietzsche, sino a un anticristo demoníaco que pretendía sumergir en las tinieblas a la propia conciencia universal.

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La grandiosidad del Creador del universo se refleja en ese infinito de los infinitos, que constituye aquella Potencia que llamamos Dios, confundida con la propia Creación (¿El dios de Spinoza, tal vez?).

Una Cosmovisión alucinante, en la que una "Nada" en mayúsculas, condensado de todas la probabilidades futuras, junto con "la propensión a durar", a conservarse y afianzarse en dirección hacia el futuro, produjeron la evolución creativa, en un principio puramente inconsciente, hasta hacerse consciente en los ojos de sus descendientes criaturas que con sus ojos, cual faros de la creación, y su consciencia individual incipiente, hicieron consciente al propio universo; el dios de Spinoza se hizo autoconsciente, iluminando el camino a todo lo creado, con una progresión que, quizás por amor se inmoló y se inmolará en sucesivos períodos, haciendo posible una creación continua de criaturas que en dirección hacia el infinito, forman parte de los seres conscientes componentes de la "consciencia universal" (Dios).

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La Creación, pues, posee tres grandes hitos que a modo de columnas sostienen todo el proceso. A saber: la Nada, el Azar y la Conciencia "lumínica". Los dos primeros poseen la característica de la inconsciencia. El tercero es el logro final de la evolución, aquella Consciencia Universal capaz de realizar el sublime acto de su "autoinmolación", haciendo así posible la aparición de nuevos seres conscientes, en lo que podría asemejarse al antiguo mito del "eterno retorno creador".

Poe encima de todo, y "acogiendo" a todas esas criaturas ya creadas, fuera del proceso expuesto, ¿existiría una criatura superior a todos esos infinitos?... Nuevamente, pura especulación, ¿terreno de los sueños y aspiraciones religiosas? Una formidable incógnita queda en el ambiente.

Parte del trabajo del autor titulado "Conciencia del Universo" que puede leerse completo en Archivos del grupo de Facebook "Consciencia Universal Majadahonda".

jueves, 24 de octubre de 2024

Pensamiento profundo, la evolución del pensamiento

 Sin otro conocimiento de los números, ¿podrían haberse concebido directamente los números imaginarios?

Es fácil ver que los números imaginarios aparecieron como una evolución natural de los números naturales y sus operaciones entre ellos: al llegar a las raíces cuadradas, por ejemplo, ¿cómo extraer la raíz cuadrada de un número negativo?. El número natural surge de añadir elementos a un conjunto. El número negativo, de extraerlos. El cuadrado de multiplicar por sí mismo el número natural. La raíz de la operación inversa a la anterior. Pues esta última operación, aplicada al número negativo, da lugar a algo que no existe en la naturaleza: el número imaginario. Una abstracción a la que se llega naturalmente siguiendo la evolución que acabo de exponer. Pues esta forma de evolución del pensamiento se da en todos los órdenes del pensamiento, de la abstracción y en multitud de áreas, aún de las más caracterizadas como ciencias exactas: matemáticas, físicas, etcétera.

Lo curioso es que si volvemos a plantearnos profundamente lo que significan los razonamientos que acabo de exponer se llega a conclusiones hartamente sorprendentes, partiendo como hemos visto de su suma sencillez.

Todo lo anterior desde un cierto punto de vista, significa que, por ejemplo, en este caso de la aparición del abstracto número imaginario, es inimaginable si no se da de alguna forma la secuencia ilustrada en mi descripción. Es decir, ello supone que el número imaginario es deudor de un tipo de planteamiento, de una cierta evolución del pensamiento que presupone un orden intrínseco necesario para el advenimiento de la abstracción número imaginario. En otras palabras: la abstracción número imaginario no se presenta por sí sola sino que tiene que ser en relación con una cierta evolución: unos elementos previos.



Pues dicho estado de cosas no solo acaece en la teoría de números, sino en una variedad de situaciones que aparecen en la misma raíz de las matemáticas, y por ende en la física. Por ejemplo, la naturaleza de los quarks, gluones, del mismo espín requirió una serie de conceptos previos sin los cuales sería inimaginable la visión actual del núcleo atómico. En resumen, en los conceptos, en las abstracciones, en los pensamientos. Aparece, entonces una evolución natural en las ideas, en los pensamientos, necesarios previamente para alcanzar otros más evolucionados, más complejos. Y esa evolución significa establecer un cierto orden en la naturaleza, pero lo curioso es lo azaroso del proceso, pues la evolución tiene mucho que ver con el azar, la falta de previsión absoluta, pues no va más allá de alguna tendencia.

Así que, y en resumen, el azar ilumina la evolución, evolución que significa la imposición de un cierto orden en el mundo, y como evolución la coordenada temporal es básica. Pues bien, como se deduce de estos razonamientos, es también la evolución del pensamiento, del mundo de la abstracción, el que se ve comprometido en el mismo sentido. De ello, por consiguiente, la esencial importancia del observador que certifica tales hechos y procesos es evidente, y con ello la conciencia del mismo, su inteligencia, su consciencia participa en el establecimiento del orden en el universo (un cierto orden, si quiera parcial); en cierto sentido, pues, en la propia creación del mundo.

Nuevamente, ¡la trascendental importancia del observador!

miércoles, 2 de octubre de 2024

Entrelazamiento cuántico, fenómeno empático y sensación.

 Nueva hipótesis.

Ya se que en muchos de mis artículos aparecen continuas sugerencias que, con la mayor ilusión y pretendida seriedad, solo pretenden dar ideas que puedan germinar en cerebros que consideren puedan serles útiles. No pretendo nada más, es decir, buscar una autoría que ya desde hace tiempo no persigo. Repito, tan solo buena fe, aunque en estos tiempos parezca un tanto raro. Una vez más, no hay otra pretensión.

En este mismo camino ahora propongo que suponiendo que el campo mental se soporta, al menos parcialmente, en un tipo de entrelazamiento cuántico entre neuronas, evidentemente en cooperación con otros mecanismos más conocidos, sería la empatía un vehículo de conexión (cierto tipo de conexión) entre ese entrelazamiento del campo cuántico de la mente del objeto (ser vivo) con el campo mental del observador externo: otro tipo de entrelazamiento, esta vez entre las mentes del objeto "vivo" y la del observador (¿consciente?).

También supongo, y no es poco desde luego, que la sensación interna de cada individuo, va igualmente a caballo del entrelazamiento cuántico (siquiera parcialmente) entre las neuronas (a grosso modo, sin descender aún a los microtúbulos defendidos por Penrose) que participan en el funcionamiento del cerebro (campo mental).

Entonces, esa sensación de la criatura es "trasmitida", vía entrelazamiento, al observador (consciente o no). Así, entrelazamiento cuántico, fenómeno empático y sensación estarían de algún modo interrelacionados. ¿Ciertamente, no convendría, entonces, tener en cuenta estas sugerencias?

Yo imagino que la mente de la criatura observada está de alguna forma "conectada" con la mente del observador (al menos, y como mínimo, por los cuantos de luz que procedentes del objeto -vivo- alcanzan al observador), pero tal conexión poseería distintos niveles, desde su casi ausencia hasta la conexión más profunda. En cada nivel, del cero al todo, se romperían ciertos enlaces (los enlaces caracterizarían cada una de los distintos niveles de conexión), hasta la desaparición completa de los mismos, que sería la identificación empática de la mente de la criatura objeto con la del observador sujeto. Me explicaré más claramente.

Los enlaces a los que me refiero son el conjunto de dimensiones existentes en el mundo definido por el objeto y el sujeto; todos los enlaces serían las coordenadas físicas(espacio, tiempo, campos) que definen el entorno físico (mundo), junto con otros elementos, de sujeto y objeto. La empatía sustituiría cada uno de estos enlaces por una de esas conexiones "fantasma" que acompañan al entrelazamiento cuántico: una empatía baja, quizás, solo sustituiría a un enlace (por ejemplo, el tiempo); una mayor sustituiría más enlaces (por ejemplo, espacio y tiempo, etcétera). Es como si el aumento de empatía fuese "acercando" cada vez más el objeto (criatura) al observador, desde el punto de vista de que, en realidad, los enlaces serían algo así, metafóricamente, como "palos en las ruedas" en el camino hacia la unificación entre sujeto y objeto. En el límite, empatía total, existiría una identificación completa entre ambos: sujeto y objeto serían lo mismo. En tal caso, la empatía total sería el sí mismo: El objeto es el propio sujeto: La sensación es la interna de la propia criatura, estado que se corresponde con una ausencia de enlaces, o asideros "externos" que pudieran hacer posible la autodefinición, la comprensión (científica) del propio sí mismo del individuo.



¿Qué hemos perdido y qué hemos ganado? Se ha "difuminado" la claridad, la objetividad científica del observador externo basada en la exactitud de las coordenadas físicas del mundo exterior. Algo aséptico, pero preciso, ausente de emociones y sensaciones que perturben la medida, la mirada imparcial. Por contra, esa pérdida ha supuesto la aparición de la sensación interna del sí mismo, con la dificultad añadida de una falta de orientación respecto a la ciencia tradicional. Son como polos opuestos. Lo interesante es el campo virgen que se nos presenta para el estudio de la interioridad en base al fenómeno empático.

Adoptando estas ideas, aparecen múltiples dilemas y planteamientos ya no solo filosóficos, sino metafísicos. Un campo maravilloso se abre ante nuestras mentes, cuyo meollo se resume en la conexión "entrelazamiento cuántico, fenómeno empático y sensación".

miércoles, 11 de septiembre de 2024

El pensador y su dilema

 Está fuera de toda duda que el filósofo, el pensador, el científico posee un pilar fundamental que al menos "se le supone" (suena al "valor" del militar), aunque ahora parecería un tanto desdibujado, que consiste en la llamada objetividad que, ciertamente, debería adornar a todas sus aseveraciones.

Aunque, la trascendencia de lo que comunica, obviamente,  es el valor "cualitativo" de su trabajo, sin embargo ese pilar sigue siendo fundamental. De no ser así, se iría al traste hasta esa trascendencia de su exposición.

Ahora bien, no es tan fácil ser objetivo, y eso sin tener en cuenta uno de los principios básicos de la física de los cuantos: "el propio observador por el mero hecho de la medida influye en el experimento".



Así que ciñéndonos al mundo macroscópico ordinario, fuera ya del campo propio más característico de la cuántica, el observador o el hombre que busca desentrañar las leyes y hechos que constituyen la realidad, debe buscar la mayor objetividad posible para que no se enmascare el hecho real tras cuestiones mucho menos relevantes. Y en ese camino, se precisa un cierto "distanciamiento" del pensador respecto al hecho o circunstancia a estudiar... Por supuesto, ese "distanciamiento" también comprende la variante temporal.

El marco que debe presentarse al estudioso, sería el del símil del espectador ante una obra de teatro en la que él no interviene... Por ejemplo, ya desde el punto de vista espacial, cuando observamos, gracias a la pantalla del televisor, acontecimientos alejados de nosotros... Temporalmente, como si estuviéramos en el "presente" de tal escena, aún cuando los hechos o acontecimientos pertenezcan al pasado.

Ahora bien, hay una clara objeción, y es que dentro de todos esos "presentes" que corresponden a cada observación, querámoslo o no, hay uno básicamente distinto a los otros: ¡el que marca nuestra "presencia"! Ese "presente" en el que vivimos, pues está "incrustado" en nuestra propia naturaleza, así que la objetividad absoluta es imposible. Por ello el filósofo, el pensador, debe de tratar de "desprenderse" lo más posible de ese presente "particular" o "peculiar" en sus juicios y cavilaciones. En esas labores debe considerar que sólo hay un presente distinto de los demás: el que representa su "presencia" en él... El equilibrio entre "distanciamiento" y "presencia" y sus correspondientes "presentes", definirá en gran medida la valía de sus juicios, la potencia y la profundidad de su sabiduría.

Así que, ¡estamos ante un mundo ajeno, pero transido de nuestra sensación interna (presencia)!

domingo, 1 de septiembre de 2024

Infinito y Dios

 El infinito puede ser abordado desde múltiples puntos de vista, pero no es objeto de este estudio agotar todas sus acepciones. Por el contrario, me ceñiré a algo muy concreto, en especial lo que atañe, y no es poco, a su clara relación con el Ser Supremo, Dios. No obstante, no quiero inmiscuirme en cuestiones de orden teológico demasiado enjundiosas para lo que me propongo.

Mi tesis principal, y sobre las que encaminaré mis divagaciones, es que "el Infinito y Dios poseen la misma esencia", ahora bien, el infinito al que se refiere Aristóteles: "El Infinito en acción" (aunque más tarde lo refutara).

Volveré próximamente a explicitar de forma más concreta, tal referencia al filósofo estagirita.

En general se admite que existe un utópico infinito "especulativo" y un infinito práctico, más cercano a su concepto matemático, y que viene representado por el signo Ꝏ. Hay toda una teoría matemática del infinito, donde destacan los elementos o números transfinitos debidos al matemático Cantor, basada sustancialmente en el concepto de "conjunto", y en el que sus elementos son definidos por ciertas leyes, en otras palabras, cada uno de sus elementos son construidos uno a uno. Ello supone que, considerando el "tiempo real" en el que nos movemos, tal concepto de "conjunto" llega a diluirse como algo metafísico para la conciencia del humano que se circunscribe a tal ámbito.

Y vuelvo a emitir otra hipótesis: "Los infinitos son los indicios de nuestras limitaciones". Me explicaré.

En verdad hay que decir que los finitos (todo lo que nos rodea) son innumerables, es decir, ilimitados, y son los que poseen, ciertamente, la misma esencia que nos constituye: el mundo está habitado por infinidad de "entes finitos", yo diría que lo son todo. Al ser ilimitados, si imaginamos una "caja" que limite a un cierto tipo de finitos, sus teóricas paredes las denominamos "infinitos".

Mas el infinito "no existe" para el entendimiento humano: se ve continuamente desbordado por el concepto (como hemos visto, casi metafísico) del infinito. Así, podríamos decir que el infinito "no es de nuestro mundo".

Se atisba el infinito, los distintos infinitos, más allá de nuestro limitado entendimiento en cualquiera de las áreas de nuestra experiencia. Pero son límites a los que no podemos acceder.

De forma abstracta, la matemática nos hace comprender esa "posibilidad" del infinito, pero situándolo siempre más allá, como un límite, tanto en su inmensidad, como en lo infinitamente pequeño. Para Pascal, dos abismos que nos abruman porque están más allá de nuestras capacidades de comprensión, al ser inconmensurables. Y es que nos encontramos "atrapados" entre ambos, algo totalmente incomprensible.

Sí, "el infinito no es de nuestro mundo", mas el ser humano puede "intuirlo", eso sí, pero sin comprenderlo: ¡Está más allá de nuestro entendimiento! Un salto esencial separa ambos mundos: finito e infinito. Nuestro mundo está en este lado, lo finito (espacio, tiempo, materialidad): "somos incapaces de atravesar la barrera que los separa".

Entonces se plantea de inmediato: ¿Cómo puede ser la naturaleza de los seres (o ser), es decir, la esencia de quienes pudieran "habitar" el infinito? Y yendo más allá: ¿Es posible la identificación de Dios con el infinito?

La parte filosófica de la obra de Antonio Lamúa titulada "Los secretos del infinito", nos ilustra brevemente sobre la evolución filosófica que ha acompañado al concepto de infinito.



Para Aristóteles hay dos tipos de infinito. En primer lugar el infinito como proceso de crecimiento o de subdivisión sin final (infinito como potencia), y en segundo el infinito como todo o unidad, como lo realmente ilimitado (infinito como acto). La noción de infinito potencial se centra en la posibilidad de proceder siempre más allá, sin que exista un último elemento, en la recursividad interminable. No obstante, Aristóteles se negaba a aceptar la infinidad en acto.

Su razonamiento: "Todo aquello que conocemos en acto tiene límites, y los infinitos que conocemos, como la infinita divisibilidad del espacio y la infinita serie de números, son solo potenciales. Un proceso reiterativo sin fin, como la generación de números naturales, al sumar una unidad al último número, es un infinito solamente potencial, porque en cualquier momento en que nos detengamos, existe sólo un número finito de objetos. No existe un número al que sumándole uno obtengamos infinito, no existe un número infinito en acto. Cierto, ¡en nuestro mundo finito!, el que proporciona el "conocimiento humano" que poseemos: ¡El infinito está más allá de nuestro entendimiento humano!

Pero nada nos dice de la existencia en otro ámbito de ese "infinito en acto", para mí el infinito-Dios.

Claro está, para Aristóteles no pueden concebirse los números naturales como un todo (la noción de "conjunto" de Cantor). pues solo es un infinito potencial.

Y siguiendo con otros pensadores.

Voltaire nos dice: "Nuestra inteligencia no alcanza a comprender la naturaleza del espacio ni su fin, y le llamamos inmenso, porque no podemos medirlo". 

La clave de la relación entre infinito y la abstracción matemática se la debemos fundamentalmente a Luitzen Brouwer (1881-1966) -intuicionismo-. La tesis fundamental del intuicionismo matemático se basa en la afirmación de que las matemáticas están constituidas exclusivamente por un conjunto de entes construidos intuitivamente por el propio matemático sobre los que se seguirán construyendo otros mediante un sistema operacional claro, preciso y fecundo. Entonces, admite la posibilidad del infinito en potencia, es decir, dado un conjunto se puede construir otro con más elementos. Por supuesto que la postura intuicionista se niega a aceptar la existencia del infinito en acto.

Para Hegel el infinito en su conjunto puede ser considerado ante todo como una definición de lo absoluto. Y no debe ser considerado como si fuese la progresión de lo finito, que al avanzar aumenta sus límites sin cesar: ese es el infinito "malo" o falso. El infinito, según él, debe concebirse dialécticamente como realizándose en lo finito, y mediante lo finito, donde se manifiesta imponiéndose límites que, en seguida, niega: esta negación de la negación es su afirmación. Hegel nos dice que el infinito verdadero es la totalidad de los momentos del ser que se determina en cada uno de los límites puestos por el devenir universal. Para él, lo infinito no está más allá de lo finito, ni es algo vacío e indeterminado: lo infinito contiene en sí lo finito; lo infinito no es trascendente, sino inmanente en lo finito. Por eso los seres particulares -los finitos- no son sino momentos de lo infinito. El infinito es, pues, el todo o la totalidad de lo real.

Y continúa Hegel: Lo verdadero es el todo. Algo es verdad sólo en la medida en que se integra en la totalidad. Lo finito, en cuanto tal, es no verdadero, simplemente ideal, o sea, algo abstracto. Lo abstracto es una parte o momento separado del todo. sólo la totalidad concreta es la verdad.

El eminente filósofo y matemático Descartes habla de tres sustancias. La sustancia pensante (res cogitans) tiene como atributo fundamental el pensamiento o consciencia. (Recordemos su afirmación más conocida: "Cogito ergo sum" -"Pienso luego existo"-). Otra es la sustancia infinita o divina (res infinita): Dios; sustancia increada que piensa y es causa de todos los seres, y es etérea, inmutable, independiente, omnisciente, y omnipotente. El atributo de esta sustancia es, evidentemente, el infinito.

La tercera sustancia la constituyen las cosas materiales (res extensa). Su atributo es la extensión y tiene una triple dimensión: figura, posición y movimiento.

En opinión de Descartes, el alma se define por el pensamiento, y el cuerpo por la extensión. El alma percibe y sufre las pasiones (deseos, tristeza, odio...) y el cuerpo se reduce a una máquina regulada por las leyes de la física.

También habría que hacer alusión a lo que nos indican las filosofía orientales sobre el infinito, así como a la idea islamista de Alá.

Para el taoísmo sólo hay una verdad y es que el Tao es infinito, por tanto su naturaleza es infinita, y el universo se perpetúa en un tiempo infinito, sucediéndose en un bucle de creaciones y destrucciones.

Para el islam lo infinito está relacionado con el todo, al-kull. Es más, el todo es necesariamente igual al infinito, lo que implica que no hay nada fuera, no queda nada al margen; nada le es ajeno, pues lo que quedara fuera sería un límite, y tal infinito ya no lo sería, no sería indelimitable. Tal idea acompaña a la representación que el musulmán se hace de Alá, fuera del cual no hay nada, pues abarca todas las cosas.

"La inmensidad de Alá, igual que la bondad y la belleza de todo lo que se ama, está vinculada a la sensación de inquietud que produce la intuición de lo infinito."

Se subraya el carácter indefinible de Alá, su inteligibilidad, su condición de reto al entendimiento.

Resumiendo y como conclusión del artículo, vuelvo a reafirmarme en las dos hipótesis propuestas: "Dios es el infinito en acción", y "Los infinitos son los indicios de las limitaciones de nuestro entendimiento".

Con claridad, sin menoscabo de su omnipresencia:

¡Dios existe allá en el infinito!

jueves, 22 de febrero de 2024

Realidad: Después de...

 El símil de la decoherencia cuántica en cuanto a la aparición del "hecho", como cristalización de uno de los estados cuánticos existentes antes de la medida, puede constituir, a mi parecer, un hito metafísico que dilucidaría en cierta forma el significado de la vida, al menos de los seres pensantes como nosotros.

Podría imaginarse que al igual que esa aparición de realidad (hecho) después de la decoherencia cuántica, también después de la finalización de la vida humana (tras el óbito), existiría una especie de "colmatación" o "decantación" posterior a la vida (vida y muerte son secuencias del mismo episodio, es decir, poseen la mima ontología), y en eso consistiría la verdadera "Realidad", sin el "velo" que rodea a la vida (sombras en la caverna) según Platón.



Paradojas, crípticos mensajes, al menos curiosidades: El futuro (después de la muerte) es "diferido", parece "petrificar" la realidad, que así aparece, de aquel pasado-presente de la vida... Sería la forma, a salvo del continuo vaivén (movimiento) de los sucesos acontecidos en el tiempo, de dejar "incólume" la realidad, de hacerla "sólida", como dije, a salvo de los devaneos del tiempo. 

(Las implicaciones sobre la segunda manifestación del universo (*) quedan para otro artículo.)

Pero, ¿qué hay después de... ese óbito?... Varias cuestiones sumamente interesantes, desde el punto de vista del espíritu humano... Materia no, pues empieza inmediatamente la descomposición del cuerpo... Es otra "especie" de materialidad, de estado que permanece para siempre, fuera del universo espaciotemporal conocido: ¿Una esencia?; ¿Un espíritu?; ¿La durée de Bergson?... ¿Quién lo sabe?... Mi "incipiente" fe me dirige hacia lo que expuse en artículos anteriores: el "acompañamiento" en la eternidad de la Fuerza o Criatura Suprema del universo...

Solamente ahora, expreso la novedad de la fortaleza de una Realidad que se extiende a partir del óbito... ¡Todo ello da sentido profundo y eterno a la realidad de la vida de una criatura humana!

(*) Acerca de la segunda manifestación de la naturaleza/universo, acudir a artículos anteriores de este mismo Blog o del "Foro Esencia".

viernes, 5 de enero de 2024

La palabra es "sublimar"

 Según expliqué en artículos recientes, la segunda manifestación de la naturaleza nos indica que la esencia (cualidad) que constituye el ser queda configurada sobre ese mundo de cualidades de la segunda manifestación: esa "esencia" queda modelada y prefigurada a partir de la propia "actividad" de la criatura a lo largo de su vida, en una suerte de doble creación, desde la propia criatura con su actividad, y el "don" proveniente de las propiedades de la segunda manifestación (el mundo ha sido creado por el "Ser Supremo", desde las dos manifestaciones del universo: la material -reino de la físico-matemático-, y la cualitativa -mundo de cualidades que proceden directamente de la divinidad).

La suma de procesos, desde abajo (lo material), y desde arriba (lo cualitativo), permite que la actividad de la criatura (voluntad, libre albedrío, etcétera) origine su propia creación (esencia). Expuse hace años que "el hombre es libre, solo y únicamente porque se crea a sí mismo".



Esa esencia permanece en el mundo de la segunda manifestación y se "individualiza" al óbito: pasa a un estado de permanencia en lo que se denomina Nada, componente del Tao supremo. Solo la Criatura Suprema es capaz de redirigirte a tal estado, como componente individual, nunca en fusión completa con Ella (al contener cierta "impureza" interna), pero sí acompañándola en su devenir eterno dentro del Tao.

Ahora, recordando a San Agustín, desde tales puntos de vista, esa situación colma de satisfacción al espíritu que es la esencia de la criatura. En palabras de San Agustín: "Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta descansar en ti".

En un artículo característico al respecto, propuse una nueva Cosmovisión y un sentido del universo: existe una co-creación del propio Cosmos, de la Criatura Suprema y de las propias criaturas inteligentes (humanos, etcétera); desde el origen al futuro (humanos) y desde el futuro al origen (del Omega al Alfa) por parte de tal Criatura.

Aquí es donde tiene sentido la "sublimación" expresada en el título del artículo. La co-creación de los seres inteligentes en el primer aserto, es el origen de la "sublimación" que aportamos tales criaturas vivas  en la propia constitución del Ser Supremo. Una especie de "destilación" esencial producida en el alambique de la evolución, una "sublimación" de todo lo mejor en la esencia divina. ¡Un nuevo misterio sí, pero la divinidad sigue permaneciendo mucho más allá de nuestro propio entendimiento!

"Sublimar" es la palabra, pero...

Es tal la magnitud de todos estos planteamientos que, quizás, todas las creencias e ideologías, históricamente transcurrentes, hacen casi imposible la adopción de los mismos... ,entonces, ¿sería conveniente la aplicación de la consabida "deconstrucción"?... Mas, ¡eso llevaría inconscientemente a un relativismo nada sano!

Para mí, lo mejor o lo más eficaz sería desestimar toda "deconstrucción" que no produzca una clara "emergencia" hacia los nuevos planteamientos.

Sí: "la palabra clave hoy es sublimar".

jueves, 14 de diciembre de 2023

¿Soy yo, o eres tú?

 La límpida agua cristalina del arroyo,

el misterioso reflejo del tupido bosque en el estanque azul, 

la dulce compañía del amigable petirrojo,

la adorable melodía del escurridizo ruiseñor,

la alegre algarabía del rabilargo y su familia,

la dulce mirada de mi gato Seno en mi regazo,

la luz vigorosa de la enorme Luna en la tranquila noche del verano,

la alegría esplendorosa de la naciente primavera,

el majestuoso vuelo de la rapaz vigilante en sus dominios,

la cálida sobremesa del florido jardín,

el color húmedo mañanero de la amanita naciente,

el fulgor de las estrellas en la noche cerrada del verano tardío,

la alegre musicalidad del trino de los pájaros en la bonanza,

la dulce y cálida compañía de la  amorosa pareja.



¿Soy yo, o eres tú?...

La explosiva sensibilidad brota por todas partes...

¡El universo entero no responde a las perturbadas insinuaciones del hombre!

lunes, 4 de diciembre de 2023

No hay infierno, mas el cielo es un gran desconocido (2ª parte)

 La Cosmovisión sugerida en todos los anteriores recientes escritos de Foro Esencia y este mismo Blog, concluye con la total ausencia del infierno al que se refieren  muchas confesiones religiosas, así como la más conocida de la "Divina Comedia" de Dante Alighieri... Sencillamente, no hay lugar para el mismo: todos los "espíritus" correspondientes a los seres vivos, a la muerte acceden a esa situación esencial que definí como "lo que hubiere", asimilable en cierta forma al Tao oriental con la particularidad, muy notoria, de dejar de ser el prístino Caos, y sí una "morada" de criaturas "traslucidas" en la propia Criatura Suprema. En verdad y en cierto modo, parece la idea de Manes (Maniqueo) de que sólo después de la muerte del cuerpo serán elevados a la región de la luz los elementos que habrán podido desprenderse de la materia. Aquí parece con un carácter universal.

No hay infierno por consiguiente, pero sí morada de los espíritus de aquellas criaturas vivas anteriores que con sus acciones en el universo evolutivo de la Creación, propiciaron su propio alumbramiento, su verdadera creación espiritual. Dije que en el óbito se produce el "salto" automático a tal morada descrita, automática, pues dichos espíritus que siguen al óbito, dejan de pertenecer al tiempo del universo, que solo rige durante su vida terrenal... Es decir, desde el óbito a su ingreso en la "morada"; para ellos es como si transcurriera un tiempo nulo, pues para tales ese tiempo dejó de existir.



Tampoco puede considerarse la "morada" como un cierto, en palabras vulgares, "ajuste de cuentas" por las injusticias que hubieran podido producirse en la anterior vida temporal... Y ello se deduce de la evidencia de que nadie sabe ciertamente los designios de Dios (Criatura Suprema), y más dentro de su propio mundo más identificable ("morada"). Y solo Él y su voluntad pueden regir en el mismo... Viene a cuento, aquí, lo que propuse sobre la existencia del mal en el mundo, algo ajeno al mismo Dios, y solo achacable a las disfuncionalidades de las propias sociedades construidas por humanos u otras criaturas vivas.

Y, además, tras la somera descripción anterior de algunos de los cielos/paraísos propuestos por filósofos y religiosos, está claro que dichos cielos/paraísos no son más que extensiones en el ultramundo de su "tradición religiosa particular", es decir, algo puramente mundano.

Y hasta en la ciencia existen tales prejuicios (Leyes de Clarke), como indica la futurología del escritor Arthur C. Clarke.

Las tres leyes son:

1. Cuando un científico distinguido pero de edad avanzada afirma que algo es posible, es casi seguro que tiene razón. Cuando afirma que algo es imposible, es muy probable que esté equivocado.

2. La única forma de descartar los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos hacia lo imposible.

3. Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada  es indistinguible de la magia.

Y su variación:

* Cualquier inteligencia extraterrestre suficientemente avanzada es indistinguible de Dios. (Última ley de Shermer)

Yo añado que no hace falta recurrir a esta 3ª Ley de Clarke, sino que en verdad, el mundo, la naturaleza es verdaderamente mágica, maravillosa para el que lo sepa ver. Hay melodías, poesías, obras de arte, sensibilidades que nos elevan a la autocontemplación, hacia el éxtasis en ocasiones, que quisiéramos prolongar hasta el infinito, ab eterno... ¡Imagina que tales instantes no acabaran nunca, que fuese tu presente para siempre! ¿No sería eso vivir en el verdadero cielo?

sábado, 2 de diciembre de 2023

No hay infierno, mas el cielo es un gran desconocido (1ª parte)

 "En la religión babilónica el universo se dividía en tres partes: cielo, tierra y océano.

En Egipto, tras la separación de cielo y tierra, los dioses se establecían en aquel.

En Babilonia, Anu, el dios supremo, tiene en la última esfera celeste (las esferas oscilan entre 3 y 10) su residencia.

En la religión irania el cielo más alto es el lugar de la mansión de Ahura Mazda, el único Dios.



En el antiguo testamento judío el cielo es la zona bajo la cual el poder de Dios se hace experimentable.

Según el Apocalipsis de San Juan, el cielo es la región donde desciende el Espíritu (desde el cielo deja Dios oír su voz). También, es la patria del preexistente Cristo, la sede del Resucitado.

Con la expresión "reino de los cielos" se alude con frecuencia al modo de gobernar el universo propio de Dios.

En muchas religiones el cielo es el lugar de los bienaventurados. Para San Juan, el cielo de la bienaventuranza definitiva son "las moradas de la casa del Padre", accesibles al alma del fiel fallecido.

Resumiendo, en la historia de las religiones, cielo designa primitivamente un lugar: 1) es la parte superior del cosmos que mitologías primitivas personifican y divinizan; 2) es también "la sede de la divinidad", y 3) el lugar del premio de los bienaventurados; 4) por derivación es el cielo en la reflexión teológica ulterior; el "estado" definitivo de felicidad de los creyentes y objeto de estudio en el tratado de escatología.

Con carácter general el cielo o Paraíso se caracteriza por la felicidad, la ausencia de la muerte, la abundancia de modos de vida (Jardín del Edén) y la constante presencia de la divinidad junto al hombre, o por sus poderes mágicos o místicos excepcionales (chamanismo)." (Tomado del Diccionario Salvat de 1969)

"En la Escatología cristiana el paraíso es el gozo eterno de la gloria de Dios

La Yanna es el paraíso islámico. Los musulmanes creen que el tratamiento que cada uno recibirá estará de acuerdo a sus hechos en la vida terrenal. Según la creencia musulmana todo lo que uno puede desear se encontrará allí. El paraíso consta de siete niveles y el más alto es el séptimo: el Firdaws donde morarán los profetas, los mártires y la gente más veraz y piadosa.

La visión típica del creyente sobre el cielo o el paraíso parece depender en gran medida de su tradición religiosa particular. Se le ha descrito como poblado por ángeles, dioses o héroes.

Parece que el judaísmo lo importó desde el zoroastrismo por el profeta Daniel.

Los textos islámicos describen una vida inmortal para sus habitantes, feliz, sin daño, dolor o miedo o vergüenza, donde se satisface cada deseo. "Su vida estará llena de venturas incluyendo trajes lujosos, joyas y perfumes, participando en banquetes exquisitos servidos en vajillas sin precio por jóvenes inmortales y descansando en divanes adornados con oro y piedras preciosas. Los alimentos mencionados incluyen carnes y vinos aromáticos que no embriagan ni inclinan a las peleas. Los residentes en la Yanna se regocijarán con la compañía de sus padres, esposos e hijos (siempre que hayan sido admitidos en el paraíso), conversando y recordando el pasado. Los textos también mencionan a las huríes, creadas en la perfección, con las cuales compartir las alegrías carnales ("un placer cientos de veces mayor que el terrenal)". Y sigue: "Las viviendas serán agradables, con amplios jardines, habrá ríos de agua, leche y vinos, frutas deliciosas de todas las estaciones sin espinas y pabellones llenos de huríes. Un día en el paraíso se considera igual a mil días en la tierra."

Y continúa con más maravillas respecto a palacios, árboles y montañas hechas con almizcle, etcétera.

Mas, considera que la unión con Dios (Alá) será mayor que en la vida terrenal. "La visión de Allah será la mayor de todas las recompensas, sobrepasando el resto de placeres".

(Texto sacado de Wikipedia)

En la 2ª parte del artículo se analizan las consecuencias que sobre el tema supone la adopción de la nueva Cosmovisión.

lunes, 23 de octubre de 2023

La segunda manifestación de la naturaleza/universo (Know how)

 "Ciencia no, conocimiento sí".

Un conocimiento obtenido no por el característico método científico de "prueba y error", o de contraste o "falsabilidad" de hipótesis bajo el lema de la objetividad -análisis externo al investigador, u observador-.

La enorme subjetividad del individuo al abordar un estudio de esta segunda manifestación (asimilable al "mundo de cualidades") hace inviable la vía anterior, por ello se sustituye "ciencia" por "know how", por comportamientos, realidades que anidan en el fondo de cada conciencia: "el campo de estudio se reduce a nuestra interioridad, una subjetividad que aspira en lo modos y como límite a una "intersubjetividad" más o menos lejana".

Desde este preámbulo, también es posible emitir hipótesis, pero su "falsabilidad" no puede abarcar los propios propósitos establecidos por el eminente Karl R. Popper en su obra "La lógica de la investigación científica", pues como acabo de decir, el campo de prueba solo abarca (nada menos) nuestra propia interioridad, nuestro sí-mismo, que solo puede "medir" cualidades, no cantidades, y ese es el gran margen de error en el que nos movemos... Aquí la empatía posee un importante papel: ¡lo siento por sociópatas, u otros personajes mermados en cuanto a tal virtud!

Una hipótesis que ya propuse recientemente en el artículo "La punta de lanza en la construcción del ser": "La proa en la construcción del ser lo representa la evolución como fuerza original, es decir, la primera manifestación de la naturaleza (materialidad)".

Esa evolución es la potencia capaz de abrir diferentes posibilidades, que son materializadas por el entorno, o por la elección de los observadores... Y ese avance en los sistemas orgánicos ("kuerpo"), provoca la aparición de nuevos "elementos", cualidades/sensaciones, dentro de la segunda manifestación; no es una "emergencia" desde la primera manifestación, todo lo más una semilla que produce la "reacción" de ese "mundo de cualidades" (segunda manifestación), concretada en la aparición de nuevas cualidades/sensaciones en tal mundo, y que solo se manifiesta en los "kuerpos" de cada organismo: sensaciones, emociones, pensamientos, voluntades, y un amplio etcétera.



La primera manifestación, pues, es como la "lanza" que dirige la inseminación en la segunda manifestación, creando en su seno nuevos elementos/ cualidades... un mundo aparte del material, con sus propias leyes, entre las que no figura la limitación temporal vigente en la primera manifestación, tanto en la pura materialidad como en la interface psiquis/mente, tan unívocamente relacionada con la anterior.

Entonces, a "bote pronto" (permítaseme tal expresión), se me ocurre que todo ello tiene su trascendencia, y no pequeña, sobre la pertinaz pregunta que acompaña a nuestro espíritu desde que somos humanos: ¿Qué hay después del óbito?

Como prolongación de los razonamientos que acabo de exponer, en la segunda manifestación, sus elementos no estás sometidos a evolución: "son como son en eternidad"; una vez creados no hay constancia de su desvanecimiento... , sí en el "kuerpo" de cada criatura, pero "disponible" para cualquier otro "kuerpo" poseedor de la misma estructura (léase lo expuesto en otros artículos de mi autoría, sobre "sincronicidad", sensaciones comunes entre gemelos, etcétera). Entre el sin fin de "elementos" de la segunda manifestación, uno sería la sensación/sentimiento de individualidad/sí-mismo de cada criatura... El conocimiento que  proporcionaría el "know how" aplicable al respecto, afianzaría la idea de "perdurabilidad"... Nada más podríamos decir al respecto: ¡Al menos eso es lo que habría después del óbito, una prolongación "ad eterno" de la sensación/sentimiento de ser uno mismo!

Sigo diciendo: ¡Un nuevo mundo de nuevas capacidades se abre ante nuestros ojos!

lunes, 16 de octubre de 2023

Correcciones a la obra "Consciencia y sensación"

 En mi obra Consciencia y sensación establecí que la "sensación" era una propiedad más de la materia, aserto que aunque no del todo falso, sí habría que hacer ciertas precisiones al respecto que se me antojan fundamentales.

La segunda manifestación de la naturaleza/universo ("sensación"), no "adorna" a la simple materia como tal, sino a las estructuras/organismos construidas con ella.

Las manifestaciones no se refieren a la dualidad materia/sensación, sino a lo que verdaderamente constituye un ser vivo o ser/criatura en general: dualidad estructura (material)/sensación.

Y es que son tan básicas y fundamentales tanto la primera manifestación como la segunda, y ninguna de las dos, en principio, da a luz a la segunda, es decir, de ninguna de ellas "emerge" la otra.

Por eso, en la creación del mundo, el universo, nos hemos olvidado de la mitad del acontecimiento.

La Ciencia estima que el universo se creó a partir de un punto de densidad infinita (o casi) que explosionó, y al que llama Big Bang. Acontecimiento que se refiere a la materia-energía definida en la Teoría de la Relatividad General tan brillantemente presentada por el genio alemán Albert Einstein.

Todo ello se referiría a la primera manifestación (materia) del universo. Desde ese mismo momento se crearía, también, el tiempo y el espacio. No se dice nada de una posible fase  o estado "precedente" del universo... Solo hay especulaciones.

¿Y la segunda manifestación?... siendo tan prístina u original como la primera... ¿Qué hay de su origen?



Creo que se planteó mal la cuestión... Big Bang o no, las leyes del universo existen, alguien o algo las estableció, y dichas leyes comprenden no solo las que afectan a la primera manifestación, sino a la totalidad que incluye, también, la segunda manifestación... Que se expresen o no depende de las circunstancias, que para la primera manifestación, se supone que fue desde el Big Bang, pero la segunda, lógicamente, desde la aparición de cada ser, cada estructura material (organismo, Kuerpo- la ampliación del propio concepto de cuerpo que propuse en artículos anteriores) que apuntara hacia la vida... Pero tengo que establecer de una forma clara, nítida, algo que me parece esencial: "la materia (ampliada o no) no es la precursora de la segunda manifestación"; es decir, no hay ninguna "emergencia" que desde la primera manifestación dé a luz a la segunda. ¡Ambas son básicas y fundamentales en la "completitud" del mundo!

Si al principio solo existía un caos, la Nada, en ella pululaban indivisiblemente ambas manifestaciones. El tiempo, la evolución, fue la chispa que inició la diferenciación, la aparición de los seres desde el Alfa al Omega... pues ¡quién sabe hacia qué maravilloso y trascendental futuro nos conducirá!

No puede haber una manifestación sin la otra: una dirigida hacia el exterior (objetividad); y otra hacia el interior (subjetividad). Dos aspectos de la misma realidad, cual la onda y el corpúsculo.

Como en la sociedad actual, estamos ante lo práctico lo rentable, hay que asegurar el retorno de los medios gastados o consumidos en la consecución de los adelantos técnico/científicos, por eso se nos dirá, principalmente por el científico/investigador que, ¿para qué aportar esfuerzos en el estudio de la segunda manifestación, si aportando estos mismos medios a la primera manifestación obtenemos los mismos beneficios?; es decir, si cuantificamos y establecemos leyes prácticas para la obtención de los mismos resultados, parece superfluo dedicar tiempo y dinero a algo, en su opinión, casi metafísico (especulativo).

¡Si el estudio de la "conciencia" no es una prioridad para el nivel cultural e intelectual del hombre actual, que venga Dios y lo vea! Es necesario para la salud psicológica de la criatura humana, para la filosofía pura que inició la andadura científica, para... como expresé en uno de mis últimos trabajos, "el buen morir"... No olvidemos que al final, lo único verdaderamente importante para el individuo, es su presentación, sin bagajes de ningún tipo, ante la omnipotencia divina.

Siempre fue la aspiración del filósofo recorrer el camino que conducía al sí-mismo; ahora sigue constituyendo la meta final no ya del filósofo, sino de cualquier individuo que se considere humano.

Consciencia, Creación y Evolución

  ¿Una reedición de la "Evolución creadora" de Bergson? Por supuesto que no, aunque el concepto de "elán vital", impulso...